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Orban files y el financiamiento de campañas políticas en Chile

¿Por qué hay personas, grupos y empresas extranjeras interesadas en financiar eventos multitudinarios que mueven al votante chileno?

Por Carlos Muñoz Lecerf 5 de mayo de 2026 - 16:45

Hace más de una década, el financiamiento político se traducía en la entrega de fondos para realizar actividades, eventos y publicidad dentro del territorio de la República, incluso en los servicios ilegales con motivo de campaña, como pago de facturas infladas o inexistentes, así como también sobornos.

En términos prácticos, se estaba limitado a conductas que debían realizarse en el país para que tuvieran el efecto de ganar votantes, sea que este dinero fuese de origen nacional o internacional. En ese sentido, su seguimiento y rastreo era más viable, puesto que necesariamente el dinero se pagaba por algo que ocurría efectivamente aquí.

Hoy eso ya no es así, desde el momento en que la campaña política se puede realizar completamente desde el extranjero con efectos en nuestra política interna. Técnicamente hablando, un candidato podría llenar arenas y estadios en el extranjero y con eso, mediante la viralización en redes sociales, demostrar que tiene gran apoyo y arrastre, aunque nadie de la audiencia presente sea chileno; esto porque los aplausos se viralizan y se comparten entre nuestros compatriotas como si tal acontecimiento fuese algo que realmente tiene una influencia aquí.

Así, podemos encontrar verdaderos Lollapalooza de la política, donde una vez al año los representantes de una específica ideología se reúnen en algún país de turno donde justamente están teniendo más arrastre. Si bien esto se hacía con anterioridad, normalmente eran congresos donde se ponían de acuerdo y, claro, también se prestaban dinero; pero hoy esto es parte del espectáculo electoral, con luces, música y artistas que permiten tener un mayor alcance en redes.

Así nacen las superestrellas de la política mundial, bajo la misma lógica que un cantante o un actor: su fama internacional los posiciona a nivel nacional como figuras superiores a quienes sólo se manejan en el circuito local, aunque acá ni siquiera sean capaces de copar una medialuna regalando entradas.

Esta nueva logística trae nuevos problemas a los organismos fiscalizadores nacionales, que se ven incapaces de rastrear dinero que se mueve en otros países para actividades que también se realizan offshore. Todo ello, sin embargo, tiene un efecto en nuestra población que mira con asombro a multitudes coreando el nombre de un candidato chileno en un país innombrable, todo gracias a TikTok y otras plataformas de transmisión en vivo. Estas personas terminan convencidas del candidato gracias al posicionamiento pagado y perfectamente segmentado de todo el material audiovisual que se produce en cualquier parte del mundo.

Para nosotros, el cuadro es el siguiente: figuras predominantes como el presidente José Kast no sólo participaron de este tipo de eventos sino que además integraron entidades que los organizaban, como Political Network for Values, cuyo financiamiento hoy está en tela de juicio en Hungría por causas de corrupción en contra de su gran aliado, Viktor Orbán.

Ahora, si nos alejamos un poco más, podemos apreciar que actualmente se siguen realizando algunas campañas políticas para Chile en gran parte desde el extranjero, siendo imposible rastrear sus fondos y, lo peor de todo, los intereses de quienes crean y mantienen estas organizaciones y actividades.

La Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) es financiada por la Asociación Nacional del Rifle, la Heritage Foundation y por supuesto, Trump Organization, entre otros grupos religiosos y donantes de identidad reservada principalmente desde Estados Unidos. Por su parte, el evento de VOX en España es pagado con subvenciones públicas (que ironía), fondos provenientes de Hungría y donaciones “no identificadas” que le significaron una sanción judicial.

Más cerca de nuestro país, La Derecha Fest, en Argentina, es financiada no sólo por la editorial que le publica los libros a Milei, sino también por una consultora llamada Arcano Strategy Group, especializada en campañas políticas, que en su primera edición obtuvo financiamiento de empresarios chilenos, lo cual debería ser un escándalo para cualquier argentino que crea en la no intervención de intereses extranjeros en sus asuntos nacionales.

Finalmente, para cerrar con una paradoja, estas actividades trasandinas también son financiadas por un pasquín llamado La Derecha Diario que recibe pagos de empresas estatales y entidades provinciales públicas de la República Federal Argentina.

A estas alturas, no nos puede sorprender el siguiente dato: en estos eventos, nuestro presidente José Kast tiene un rol de participante e incluso de organizador; por lo que no puede menos que conocer el origen de los dineros que lo financian y no puede menos que comprender los intereses de quienes aportan a su realización. Pero ¿los chilenos sabemos estos detalles? ¿hay una declaración de gastos e inversiones sobre estos actos de campaña llevados a cabo desde el extranjero y que pretenden influenciar al votante nacional?

¿Por qué hay personas, grupos y empresas extranjeras interesadas en financiar eventos multitudinarios que mueven al votante chileno?

La pregunta es relevante, toda vez que en nuestro país la Constitución prohíbe a los partidos políticos ser financiados desde el extranjero, así como también la ley 18.603 de partidos políticos, y la Ley de financiamiento electoral; pero hoy, están totalmente obsoletas a la hora de lograr una efectiva fiscalización de su normativa.

Desde ya, una vez más la tarea queda en manos del Congreso, ya sea para interpelar al presidente o a las autoridades de estos partidos políticos, así como también para regular estas campañas virales desde el extranjero. Todo esto, claro, mientras descubrimos que otras autoridades de los más variados sectores políticos, son igualmente beneficiadas por este tipo de actividades, lo que hará mucho más difícil creer en sus criterios.

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