Durante este mes, tres noticias aparentemente desconectadas han puesto sobre la mesa una misma pregunta: ¿estamos preparando a Chile para enfrentar los riesgos que vienen o simplemente esperamos que ocurran para reaccionar? Lo que las une tiene nombre. Se llama vulnerabilidad, y es la distancia entre los riesgos que conocemos y nuestra capacidad de anticiparlos.
Primero fue el diésel. Estados Unidos evaluó prohibir sus exportaciones. Entre enero y julio, el 92% del diésel que importamos vino de ese país, US 2.800 millones. El año pasado gastamos más del 5% del PIB en comprar combustibles fósiles afuera. ¿Qué tan soberano es un país cuyo transporte depende del humor político de otro gobierno?
Después llegó el Presupuesto 2027, que Hacienda presentó como un plan responsable. ¿Responsable con quién? Energía tiene el mayor recorte porcentual del gabinete, 11,4%, y sus programas de transición pierden 62,8% de sus recursos. La compensación a ENAP por el gas de Magallanes, en cambio, sigue llevándose 45 de cada 100 pesos del ministerio, ocho veces lo que queda para la transición. La línea de Medio Ambiente para cumplir la NDC cae casi 60%. Senapred, que ya perdió $918 millones por decreto este año, tendrá menos de lo aprobado para 2026.
El 8 de octubre un aluvión bajó por la Quebrada Honda, en Las Condes. Dejó 2.015 viviendas afectadas, 55 de ellas inhabitables. No hubo alerta, y Senapred reconoció que el país no monitorea remociones en masa. Súbito, pero no sorpresivo. En enero ese mismo sector ya había sufrido un aluvión tras un incendio. ¿Cuántas veces tiene que bajar el barro por la misma quebrada para que deje de ser un imprevisto?
Circula de nuevo una frase de Kast en campaña: “ Chao guías ambientales, chao ideología ”. Dijo no tener problema con cuidar la naturaleza. Tomémosle la palabra. ¿Es ideología saber que una quebrada quemada puede bajar en primavera? ¿Es ideología no querer depender de un solo país para mover los camiones?
Nadie discute que hay que ordenar las cuentas fiscales. Pero una planilla registra lo que se gasta, no el daño que se evita. Un paraguas que funciona no aparece en ningún balance, porque su éxito es que nadie se moje. Por eso la prevención se recorta primero, y la cuenta vuelve después como reconstrucción y emergencia.
Chile se dice resiliente. Pero reducir la vulnerabilidad exige anticipar, recordar lo que pasó en enero y llegar preparado a octubre. Eso cuesta plata, y se financia en las partidas que hoy se recortan.
Llueve sobre mojado. El problema es que, mientras aumenta la lluvia, estamos empezando a recortar el paraguas.