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¿Ciencia inclusiva o economicista?: La desigualdad en la ciencia, desafíos y miradas hacia un desarrollo inclusivo

Necesitamos construir un futuro en el que la ciencia deje de ser un privilegio y pase a ser un derecho de todos. Solo así se podrá avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa.

Por Marianela Aravena 14 de mayo de 2026 - 11:45

Ser pobre en ciencia representa una desventaja significativa, en particular en contextos de incertidumbre y posibles recortes en el sector. En ese sentido, quienes provienen de sectores sociales más desfavorecidos enfrentan mayores dificultades para desarrollar una carrera científica debido a la falta de recursos, contactos y oportunidades.

La meritocracia en el sistema educativo y laboral no se cumple en estos casos, ya que las barreras sociales se reproducen, dificultando incluso el acceso a condiciones laborales estables y beneficiando en mayor medida a aquellos con capitales culturales y económicos vinculados a los sectores más favorecidos de la sociedad.

Aspecto que afecta particularmente a mujeres investigadoras provenientes de clases sociales precarizadas, quienes enfrentan obstáculos adicionales como la falta de acceso a servicios de cuidado infantil y a recursos para sostener su trabajo y vida personal mientras llevan a cabo actividades académicas o investigativas.

La encuesta sobre caracterización social y laboral de las personas postgraduadas y residentes en Chile evidencia la existencia de profundas desigualdades que limitan el ingreso y desarrollo en la ciencia. Los graduados de doctorado, en su mayoría, proceden de familias con capital cultural y recursos cercanos a sectores más privilegiados, mientras que quienes tienen grados de magíster suelen provenir de condiciones socioeconómicas más modestas, evidenciando cómo el sistema favorece a quienes tienen mayores recursos previos. Esto refleja cómo el acceso al conocimiento científico sigue siendo desigual y reproduce las disparidades sociales, económicas y culturales en el país.

Desde la perspectiva política y presupuestaria, las recientes propuestas del ejecutivo tendientes a “descontinuar” o “rebajar” programas de distintas instituciones estatales para 2027 afectarían los planes implementados por el Ministerio de Ciencias. Incluyen la “discontinuidad” de las becas de ANID y de los centros de investigación. Estas propuestas afectarían negativamente a las y los investigadores en etapas iniciales, quienes dependen en gran medida de estos apoyos.

En este sentido, la eliminación de las becas otorgadas por ANID impactaría una de las fuentes de ingreso de los posgraduados. Si bien la mayoría de quienes cursan doctorados y mágisters no realizan sus estudios con becas, este tipo de medidas afectaría a todo el sistema en su conjunto, ya que disminuirían los financiamientos del sector, precarizando el sistema CTCI en su conjunto, producto de recursos insuficientes. Mientras cursan sus estudios de posgrado, hacen trabajos en condiciones de flexibilidad y precariedad para costear sus gastos básicos de manutención y de vida.

En la actualidad, la cantidad de becas de postgrado asignadas por ANID no alcanza a cubrir la cantidad de estudiantes en programas de doctorado. Mientras la contracción de apoyo financiero agravaría la crisis en la investigación. Más aún cuando sabemos que el ideal a alcanzar es que los estudios doctorales sean considerados como trabajo, por medio de un contrato de trabajo, donde se financie la seguridad social (salud y previsión).

Asimismo, la precarización laboral en el sector del conocimiento es un problema estructural. Sobre todo, cuando la mayoría de los investigadores desarrolla sus funciones bajo contratos flexibles, en condiciones de inestabilidad, con modalidades a plazo fijo, honorarios o becas, en la mayoría de los casos sin garantías de continuidad o protección social. En ese sentido, la eliminación de programas y fondos destinados a centros de investigación estratégicos reducirá aún más las oportunidades de empleo y formación en ciencia, profundizando la precarización del ejercicio investigativo.

Por otro ámbito, la situación social del país también influye en el sector científico y en sus trabajadores. Tanto, que la precarización de la vida y los altos niveles de desigualdad, agravados por la pandemia, pueden agudizarse por las políticas gubernamentales anunciadas que pretenden “descontinuar” o “rebajar” beneficios sociales.

Este aspecto impacta a las familias de quienes trabajan en investigación y acceden a programas sociales de alimentación y de salud mental, aspectos fundamentales para su bienestar. Por tanto, si se producen recortes de estos beneficios, aumentarían los niveles de vulnerabilidad y de las desigualdades sociales.

Es crucial recordar que la ciencia no solo genera valor económico, sino también social y comunitario. La investigación contribuye al progreso social y al desarrollo de conocimiento que impacta en comunidades y sociedades en múltiples dimensiones. Por tanto, la ciencia debería promover un desarrollo integral, que incluya aspectos sociales y comunitarios, en lugar de centrarse únicamente en la generación de empleo o en beneficios económicos para el sector empresarial. Es necesario ampliar su papel y reconocer su potencial para influir en cambios sociales profundos.

En un contexto de caos como el que vivimos, de miedo e inseguridad respecto al futuro, se hace imprescindible fortalecer la solidaridad entre los distintos sectores sociales y asegurar que los derechos y derechos sociales se mantengan. La investigación y sus trabajadores no deben permanecer indiferentes ante las políticas que reducen recursos y deterioran las condiciones de trabajo y vida. En ese sentido, la ciencia siempre ha sido política, y es fundamental la participación de las y los trabajadores/as del conocimiento en el debate público para promover un modelo de desarrollo basado en el conocimiento, la equidad y la justicia social.

Finalmente, ser pobre en ciencia es simbolizado por tener menos oportunidades para acceder, participar y sostenerse en la investigación. Esa realidad refleja las desigualdades estructurales del país, que limitan la inclusión y el desarrollo de investigadores originarios de sectores vulnerables. Por consiguiente, la inversión en ciencia y tecnología debe acompañarse de políticas sociales inclusivas que aseguren condiciones equitativas, permitiendo que la ciencia contribuya verdaderamente al bienestar y progreso social en toda su diversidad.

Para concluir, debemos velar por la unidad de las y los trabajadoras/es de todos los rubros, promoviendo la unidad social, la solidaridad y el compromiso de la sociedad. Este aspecto ayudará a la gestación de un apoyo ciudadano hacia las demandas de los científicos en las etapas iniciales de la carrera investigativa que viven la precariedad y los problemas de inserción.

La ciencia es profundamente política, pues ayuda a la construcción de la sociedad y al desarrollo de nuevos modelos de desarrollo, como aquellos basados en los conocimientos. Necesitamos construir un futuro en el que la ciencia deje de ser un privilegio y pase a ser un derecho de todos. Solo así se podrá avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa.

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