La cabecera de un cañón submarino frente a Isla Chañaral concentra altas densidades de kril, el principal alimento de las ballenas fin y azul que llegan al Archipiélago de Humboldt. Así lo muestran los estudios de la oceanógrafa Susannah Buchan, cuyas ballenas marcadas atraviesan el espacio marino que la Comunidad Indígena Changos Álvarez-Hidalgo y Descendencia de Caleta Chañaral de Aceituno solicitó como Espacio Costero Marino para Pueblos Originarios (ECMPO).
Un archipiélago que retiene la vida marina
El archipiélago, situado entre las regiones de Atacama y Coquimbo, funciona como una zona de retención de aguas. Las corrientes que retornan hacia la costa mantienen allí parte de la productividad generada por los focos de surgencia de Punta Lengua de Vaca y Punta de Choros, donde ascienden aguas profundas ricas en nutrientes.
“El Archipiélago de Humboldt, en general, es lo que nosotros llamamos una zona de retención, donde hay corrientes que retornan hacia la costa”, explica Buchan. La científica británica es doctora en Oceanografía de la Universidad de Concepción e investigadora del Centro de Investigación Oceanográfica COPAS Coastal y del Centro Científico CEAZA. En septiembre de 2026 fue reconocida como National Geographic Explorer por un proyecto sobre los cañones submarinos de Chile.
El cañón submarino, una despensa de kril
A esa condición general se suma un rasgo del relieve marino. “Tenemos una situación incluso más local, que es la situación de Isla Chañaral, donde existe un cañón submarino, que es como un valle submarino al sur de Caleta Chañaral de Aceituno”, señala. Según la investigadora, esta formación amplifica la surgencia y canaliza las aguas hacia el continente. Su cabecera se ubica entre la isla y la costa de la caleta.
Las observaciones de cetáceos, los estudios hidroacústicos de zooplancton y el seguimiento con dispositivos de marcaje permitieron vincular el cañón con la distribución del alimento. “Lo que nosotros hemos visto a través de nuestras investigaciones de marcaje de ballenas y de estudios es que se concentra una gran densidad de kril justo donde termina el cañón submarino”, afirma Buchan.
El kril es un pequeño crustáceo y una de las principales fuentes de alimento de las grandes ballenas. Su concentración explica por qué los cetáceos vuelven una y otra vez a sectores específicos del entorno de Isla Chañaral. Un estudio publicado en enero de 2024 en la revista Frontiers in Marine Science, encabezado por Buchan, ya había asociado la presencia de ballenas fin y azul con las concentraciones de zooplancton y la forma del cañón.
Las ballenas cruzan el ECMPO Tifuka
Los datos de marcaje muestran, además, que esa zona de alimentación coincide con el área que pide la comunidad. “Las ballenas que nosotros hemos marcado utilizan toda la zona de la cabecera del cañón submarino y justamente pasan por el ECMPO Tifuka”, sostiene la oceanógrafa.
Para Buchan, la ubicación de Tifuka es especialmente significativa: “Es una zona muy especial porque está en la sombra de la cabeza del cañón submarino, y eso hace que sea tremendamente productiva. Pasan ballenas, se alimentan ballenas en esa zona”. A su juicio, estos antecedentes son relevantes para la protección y conservación marina del sector.
La apuesta de la comunidad chango
La figura del ECMPO está contemplada en la Ley 20.249. Reconoce los usos consuetudinarios de los pueblos originarios en el borde costero y exige elaborar un plan de administración para los espacios otorgados. En ese marco, la evidencia científica puede ayudar a identificar áreas ecológicamente relevantes y a orientar medidas de manejo.
Yasna Marín Álvarez, presidenta de la comunidad indígena, lo plantea así: “Las investigaciones científicas confirman la importancia de estas aguas para la alimentación y el desplazamiento de las grandes ballenas, por lo que resulta fundamental que estos espacios cuenten con una protección efectiva”.
Marín ve en el ECMPO Tifuka una herramienta de conservación comunitaria que complementaría al Área de Conservación de Múltiples Usos Archipiélago de Humboldt. “Para nuestra comunidad, es importante avanzar hacia una gestión del territorio marino donde podamos participar activamente en su cuidado, incorporando el conocimiento científico, nuestros usos tradicionales y el trabajo conjunto con los demás usuarios del mar”, agrega.
Dominga y el riesgo de colisión para las ballenas
El hallazgo se conoce mientras avanza el proyecto minero portuario Dominga de Andes Iron, en La Higuera. La empresa titular declaró el inicio de su construcción, a pesar de que el proyecto ha sido rechazado en diversas ocasiones y que ha enfrentado una larga disputa legal sin lograr revertir dicha decisión hasta la fecha.
El proyecto implica abrir una nueva ruta para grandes buques en el archipiélago. Buchan advirtió en marzo a El Desconcierto que esa ruta se superpone con las zonas de alimentación de las ballenas fin, lo que elevaría “inevitablemente” la mortalidad por colisión. Su equipo ha marcado más de 100 ballenas fin en el sector de Isla Chañaral desde 2020, y la científica destaca que en la costa chilena quedan muy pocos lugares con niveles de tráfico marítimo tan bajos. El riesgo no es menor: un estudio publicado en 2025 en Marine Policy situó a Chile como el país con la mayor tasa de mortalidad de ballenas por choques con embarcaciones, causa del 28% de las muertes registradas.