Resignificar un insulto naturalizado: “desviado”, “desorientado”, “invertido”, “torcido”, “anormal” y “raro”, para convertirlo en una posición política. Esa es la razón de ser del nombre del Festival de Artes Escénicas y Disidencia Sexual, DESVIACIONES, que regresa este 2026 con una segunda edición.
Ernes Orellana, director de DESVIACIONES: "Lo que corresponde es defender la libertad de creación y el derecho a la diversidad cultural"
Bajo el lema “Existimos siempre”, entre el 20 de abril y el 02 de mayo, compañías que abordan temáticas disidentes y sus memorias, así como destacados artistas nacionales e internacionales, se darán cita en seis comunas y más de ocho espacios culturales para compartir relatos, imaginarios y estéticas producidas por la cultura de la diversidad sexual. El director del evento ahonda en los fundamentos del encuentro y responde a los cuestionamientos de parlamentarios oficialistas. “Lo que está en juego aquí no es una obra en particular, sino la libertad de creación y de expresión artística”, señala.
Cuatro obras de teatro, cuatro de danza, tres performances en ocho espacios culturales de la Región Metropolitana; junto a cuatro talleres formativos serán parte de la programación del encuentro, financiado por el Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio y organizado por la Plataforma Cultural Teatro Sur.
Parte de las novedades de esta edición de DESVIACIONES es la presencia de invitadas e invitados internacionales, encabezadas por la artista, escritora y activista travesti argentina, Susy Shock; por su connacional, el artista escénico Silvio Lang, y por el también destacado y premiado artista de la danza catalàn-noruego Daniel Mariblanca.
Una de las consideraciones editoriales del festival es la memoria y el reconocimiento a creadores de trayectoria. En razón de esto y como parte de la inauguración de DESVIACIONES, a desarrollarse el miércoles 22 de abril a las 18:30 hrs. en el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, el equipo organizador reconocerá al director teatral y Premio Nacional de Artes de la Representación 2019 Ramón Griffero; al artista visual y performer penquista Guillermo Moscoso; y a la bailarina y coreógrafa Elizabeth Rodríguez, quienes además concederán talleres gratuitos en distintos espacios de Santiago durante el festival.
Parte de la agenda de DESVIACIONES 2026 ha sido el cuestionamiento de los parlamentarios oficialistas, los diputados de la Comisión de Cultura de la Cámara, Javiera Rodríguez (REP) y Cristóbal Urruticoechea (PNL), quienes oficiaron al Ministerio de las Culturas. “Aquí no se trata de libertad de expresión, sino de dejar de financiar promiscuidad con recursos públicos. Por tales motivos, vamos a oficiar para que se explique el origen de estos fondos y si existen restricciones de edad”, señaló Rodríguez.
“Festival DESVIACIONES es financiado por recursos públicos a través de una postulación que responde, para su adjudicación, a ciertos criterios de calidad artística e impacto territorial. Hablamos de una política pública, no de la voluntad de un gobierno en específico, de fomentar la circulación de obras artísticas y fortalecer el desarrollo cultural en sectores desfavorecidos, lo cual es medido y evaluado por ciertos parámetros, al igual que otros encuentros artísticos. Esa es la razón por la cual recibimos estos recursos”, señalaron desde la organización en una declaración pública.
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-Esta es la segunda edición del encuentro. ¿Cuáles son los principales aprendizajes respecto a la primera versión de DESVIACIONES?
Hemos comprobado que el Festival es una necesidad para las comunidades, principalmente para lxs artistas que comparten sus trabajos, y especialmente para las audiencias que transitan por los distintos y numerosos espacios de la Región Metropolitana por donde el festival, en alianza con los centros culturales y teatros que nos acogen, se programan las obras.
La primera versión de DESVIACIONES acogió a 100 artistas y tuvo alrededor de 6 mil espectadores, entre jóvenes y adultos que se acercaron a presenciar las propuestas. Todos los teatros tuvieron una excelente convocatoria, y cada función tuvo un espacio de mediación al finalizar las presentaciones para intercambiar sentimientos, emociones, reflexiones y problemáticas surgidas de lo que se generaba.
Las compañías quedaron muy contentas de compartir sus trabajos en espacios culturales en los que no se acostumbra programar artes escénicas con estas perspectivas. Y por otra, las audiencias agradecieron conocer estas obras que visibilizan las vidas y realidades de comunidades sexuales diversas lgbtttiq+, en conjunto con sus cualidades artísticas. En cada función la gente se quedó a conversar, a intercambiar, generando encuentros culturales comunitarios muy íntimos y beneficiosos para abarcar las temáticas y sensibilidades, y sostener el derecho a la cultura en su manera más amplia. Fueron experiencias muy poderosas.
-En esa oportunidad, el Festival se enmarcó en los 25 de la despenalización de la homosexualidad…
Sí, hubo mucho interés de la prensa, teniendo espacios en medios radiales, escritos y televisivos nacionales e internacionales, lo que nos permitió ampliar una conversación más pública para reflexionar y compartir los principios que el Festival persigue: ampliar el derecho de acceder a la cultura respetando los Derechos Humanos de todas las comunidades diversas que existen en Chile, en sus culturas, y también en los discursos y estéticas de quienes trabajamos artes desde las disidencias sexuales. Porque la disidencia sexual es una manera de entender la vida. El disenso que expresamos en nuestros cuerpos, identidades y sexualidades diversas, es antinormativo a la cruel hegemonía que se impone; pero también es celebrar la diversidad del disenso en su sentido desviado, ofreciendo alternativas a la manera en que organizamos nuestras relaciones sociales y políticas.
Las disidencias sexuales, hemos aprendido a habitar el mundo desde otras formas de existencias y sobrevivencias, y somos un aporte al respeto por la vida, la libertad, la justicia, la comunidad, la colectividad, el amor y las culturas de paz.
Muchxs de lxs artistas que han transformado a las artes y a los imaginarios culturales en todas partes del mundo provienen desde las culturas de la diversidad sexual. Por supuesto que tenemos contradicciones, pero la colectividad que nos caracteriza no puede ser negada en su existencia. Por lo mismo, este Festival celebra estas existencias con memoria, presente y futuros imaginables. El principio que nos guía en esta versión es decir que EXISTIMOS SIEMPRE.
-La visibilidad, puesta en valor y circulación de obras producidas por creadoras y creadores de las disidencias sexuales dialoga, enfrenta, critica -según el caso- el contexto. ¿Cómo influye este en el caso del Festival y sus objetivos?
Creemos que es una urgente y profunda necesidad continuar problematizando el conjunto de reflexiones críticas, sensibilidades e imaginarios creativos que plantean las compañías reunidas, lxs artistas que las componen, y sus propuestas artísticas. Esto lo devela el interés de los centros culturales y teatros que se comprometen con el festival, como de los públicos que asisten. Son propuestas creadas por cuerpos que encarnan diversidades y diferencias sexo-afectivas, que portan estéticas e imaginarios que apelan a la libertad de expresión, al respeto por los Derechos Humanos, que reconocen las memorias político-sexuales del país, que aportan al respeto por las diferencias, a vivir vidas libres de violencias. Son artistas que han puesto sus identidades y cuerpos como el deseo en sus investigaciones creativas, y eso es tremendamente conmovedor, porque nacen desde la pulsión, la rebeldía, y el derecho a vivir en paz.
Además, en esta versión del Festival, involucramos artistas y compañías de fuera de la Región Metropolitana y de Chile, develando que estos imaginarios culturales están en todas partes, en todos los territorios y es necesario reconocerlos y celebrarlos, porque el derecho a la diferencia es un derecho humano.
-¿Y puntualmente en torno al nuevo escenario político del país?
Lo sabemos, en este contexto de poder gubernamental ultraderechista de tendencia fascista y con ánimo de imponer viejos estandartes morales de regímenes autoritarios del pasado, es necesario ser conscientes críticamente de sus mecanismos de opresiones y estrategias de censurar, cancelar y condenar lo que ellos consideran que no tiene derecho a existir.
La ultraderecha fascista que hoy está en el poder quiere imponer un orden moral de dominación cultural conservadora que oprime y castiga a quienes no representan sus identidades, y no sólo sexuales, también políticas, sociales, económicas, culturales. Tienen una extraña obsesión con el sexo de una forma profundamente culposa y punitiva. ¿Por qué le tienen tanto miedo al sexo, a la identidad de género, a la libertad de reproducción y de agruparse en familias diversas? Estas personas no pretenden una vida de paz y respeto. Imponen su moral y costumbres sin derecho a la diversidad de la vida, de la libertad y de la creatividad, de las culturas en sus más amplios sentidos.
Da rabia, principalmente que estas personas estén hoy en la dominación del poder en el gobierno, pero también me da una profunda tristeza al reflexionar cómo llegamos a esto. Cómo, después de todo lo que hemos venido pulsando socialmente, terminamos gobernados por extremistas fanáticos que no respetan ni la vida, ni la libertad, ni el amor. La democracia está en crisis, sin dudas. Por ello mismo hay que frenar el avance de los discursos de odio con más democracia y el respeto a la vida, a la verdad y a la libertad. Estamos rodeados de mentiras producidas para generar miedo. Y la verdad es que son ellos los que están generando las violencias, y no nosotrxs, que lo que deseamos y buscamos es libertad y el derecho a existir.
No debemos permitir las y los trabajadores culturales y artistas, que un grupo de personas en el poder por vía de la institucionalidad, el gobierno y la política cultural, nieguen el derecho a la libertad de expresión y de creación artística. Tampoco deberíamos permitir que la clase política admiradora y practicante del fascismo en el Congreso se imponga con sus ideologizaciones moralistas. Defender la diversidad cultural y artística es tarea de todxs quienes trabajamos en culturas y nos dedicamos a las prácticas artísticas.
-En el texto curatorial del encuentro plantean que el Festival, en esta edición, sería un refugio. ¿A qué se refieren?
Somos conscientes que habitamos tiempos peligrosos, que no quisiéramos ni que se produjeran, ni que resurgieran. Nuestras ancestras y viejas también nos han contado lo que han tenido que sobrevivir. Los regímenes fascistas se construyen paulatinamente y se normalizan, y hay una tendencia no sólo en Chile, sino en el mundo, otra vez, de restaurarlos. Frente a ello, el refugio, no lo pensamos únicamente como espacio físico, sino como una condición política y ética. Judith Butler lo plantea en sus reflexiones, ¿Por qué algunas vidas merecen ser vivibles y otras no? ¿Por qué hay algunas que son “dignas de protección” y otras no? ¿Qué vidas cuentan como vidas? Cuando los Estados y los discursos dominantes deciden quién merece la protección, qué vidas pueden “entrar” en sus “fronteras” se generan desigualdades, se vulnera, se precariza. En el festival planteamos un refugio en sentido político y simbólico, para encontrarnos, cobijarnos, protegernos, colectivamente, reconociéndonos, aprendiéndonos a habitarnos de maneras alternativas a esta barbarie que nos rodea.
-Han convocado en esta oportunidad no solo a artistas nacionales. Han dado un salto trayendo a artistas de Noruega y de Argentina. ¿Cómo nutre a la escena este vínculo con creadorxs de otras latitudes?
La incorporación de artistas de otras latitudes es, en primer lugar, un gesto de reconocimiento. Existen creadorxs en distintos territorios que están pensando y pulsando otras formas de representación en las artes escénicas. Son prácticas que sitúan el cuerpo y la sexualidad, desde una dimensión sana, crítica y consciente, como eje de investigación, de problematización estética y de imaginación cultural y política. Este cruce amplía y diversifica profundamente los lenguajes escénicos.
Lxs artistas invitadxs, provenientes de Argentina y Noruega, cuentan con trayectorias extensas en las artes vivas, en la performance, la poesía, la danza y el teatro. En sus obras sostienen poéticas sensibles y críticas, pero también formas de vida donde la creación artística es inseparable de la existencia misma. Este diálogo se entrelaza con las propuestas provenientes de distintas regiones de Chile, Valparaíso, El Maule y la Metropolitana, configurando una programación que reconoce la diversidad territorial de estos imaginarios.
-El festival no solo cuenta con presentaciones de danza, teatro y performance sino que también se ha propuesto generar espacios formativos. ¿Qué sello tienen y qué implica esta decisión?
Los espacios formativos no son un complemento dentro del festival, sino una dimensión esencial de su sentido político, ético y artístico. Más que transmitir contenidos, buscan activar una circulación viva de saberes, experiencias, preguntas y memorias entre quienes participan, generando cruces sensibles entre cuerpos, lenguajes, generaciones y formas de imaginar la creación. En este contexto, la formación se entiende como una experiencia situada de intercambio y emancipación, donde no sólo se adquieren herramientas, sino que también se transforman percepciones, se amplían imaginarios y se ensayan otras maneras de relacionarnos con el cuerpo, la sensibilidad y la comunidad.
Estos espacios -que tienen un sueño inter y transgeneracional- permiten además profundizar en estéticas y prácticas que han sido históricamente desplazadas de los circuitos más normativos, abriendo lugar a otras formas de conocimiento y creación. Existe también una curaduría consciente en quienes facilitan los talleres, pues son artistas admiradxs por la potencia de sus trayectorias, por su riesgo y por comprender el arte como una experiencia vital capaz de provocar desplazamientos y generar encuentros significativos.
-En el ámbito de la memoria, han decidido entregar un reconocimiento a tres creadores: Ramón Griffero, Elizabeth Rodríguez y Guillermo Moscoso. ¿Cuánto les debemos a quienes han antecedido en la creación desde las disidencia?
No diría que les debemos, sino que agradecemos profundamente. Sentimos que, de algún modo, también somos huellas de lo que ellxs han ido construyendo: imaginarios discursivos y estéticos que han sido, a la vez, indisciplinados, obedientes y desobedientes. Admiramos el recorrido de Ramón Griffero, porque en plena dictadura se atrevió a desafiar las narrativas normativas desde un teatro profundamente disidente y sexoerótico, instalando en escena metáforas políticas sobre la crueldad y la expansión del deseo.
A Elizabeth Rodríguez la reconocemos por haber tensionado, desde la danza contemporánea en los años noventa, los límites impuestos a los cuerpos de mujeres y a las creadoras, en un campo históricamente dominado por hombres. Sus coreografías invirtieron cuerpos, espacios y jerarquías, abriendo nuevas posibilidades de existencia escénica. Guillermo Moscoso, por su parte, es una figura imprescindible en la historia de la performance que desde mediados de los noventa, y desde la región del Bío Bío, ha sostenido un cruce radical entre arte y activismo, politizando el VIH/sida desde su propio cuerpo y su experiencia situada.
La admiración hacia ellxs también se sostiene en su marginalidad y su coraje. Por eso, más que una deuda, lo que sentimos es una profunda gratitud y cercanía. Este reconocimiento nace del cariño y del valor que otorgamos a sus trayectorias, a sus impulsos y a las huellas que han dejado, porque creemos que la memoria y la cofradía son fundamentales para seguir imaginando y sosteniendo nuestras existencias.
-¿Qué invitación le extenderías a los públicos para que sean parte de DESVIACIONES 2026?
La invitación es a participar de esta celebración de la diversidad cultural, a encontrarse con las compañías, artistas y talleristas en propuestas escénicas profundamente hermosas y sensibles, que buscan no sólo observar, sino también pensar y sentir el presente, revisar las memorias e imaginar futuros posibles. Es también una invitación a comprender el festival en su dimensión cultural y política como un espacio que promueve el respeto entre comunidades, la empatía y el derecho a la existencia, rechazando de manera explícita las culturas de violencia.
En un contexto atravesado por adversidades, hostilidades y violencias, y saturado de desinformación, algoritmos e histeria virtual, sumergirse en el acto artístico de las artes vivas se vuelve una experiencia profundamente conmovedora, un lugar para encontrarnos y sentirnos. Este festival insiste en algo esencial: HEMOS EXISTIDO SIEMPRE. Y frente a quienes quisieran borrar esa existencia, la invitación es a no permitir que se destruya la rica y hermosa diversidad de nuestras utopías.
-¿Qué dirías a las reacciones de sectores políticos en torno a una de las obras programadas?
Que vengan a ver las obras y que después conversemos, pero con verdad. No le tengan miedo a las artes vivas; porque lo que está en juego aquí no es una obra en particular, sino la libertad de creación y de expresión artística. Los sectores políticos no tienen derecho a entrometerse en ese ámbito. Ya lo hicieron los regímenes totalitarios, tanto de derecha como de izquierda, y conocemos bien las consecuencias. Sin embargo, hoy vemos cómo ciertos discursos negacionistas insisten en borrar esa historia, instalando nuevamente políticas del miedo y moralismos autoritarios.
La democracia no puede rendirse ante estos guardianes de una moral totalizante. Por el contrario, debe sostener y proteger la diversidad de las sociedades, el desarrollo libre de sus culturas y el respeto por la diferencia. Lo preocupante es que sectores de ultraderecha están interviniendo en el campo cultural mediante argumentos falsos, confundiendo deliberadamente arte, erotismo y pornografía, para imponer visiones absolutistas que buscan normalizar.
Este no es un fenómeno ingenuo, hay una estrategia clara. La ultraderecha sabe utilizar el lenguaje de la tribuna política y cuenta, además, con una fuerte presencia mediática para instalar sentidos comunes basados en la intolerancia y la violencia. No deberíamos relativizar esto. Cuando gobiernan, las culturas entran en peligro, porque son proyectos que buscan disciplinar, restringir y empobrecer la vida en su diversidad.
Frente a eso, quienes trabajamos en el ámbito cultural no podemos permanecer pasivxs. No podemos permitir que el fascismo se infiltre en las decisiones sobre política cultural ni que se impongan criterios que atenten contra la libertad artística. La institucionalidad tiene la responsabilidad de resguardar una democracia cultural, no de abrir paso a una dictadura cultural encubierta.
Lo que corresponde, hoy más que nunca, es defender activamente la libertad de creación y el derecho irrenunciable a la diversidad cultural.