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José Antonio Kast

Cristián Leporati, experto comunicacional: "La mezcla de inexperiencia con fanatismo ya sabemos que es una mala mezcla"

En entrevista con El Desconcierto, el publicista y académico de comunicación política y gubernamental de la Universidad Diego Portales, Cristián Leporati, diseccionó el primer mes del gobierno de José Antonio Kast.

Por Gino Stock 1 de mayo de 2026 - 07:00

El publicista y académico de comunicación política y gubernamental de la Universidad Diego Portales (UDP), Cristián Leporati, es uno de los analistas de medios y campaña más consultados en Chile, y en conversación con El Desconcierto abordó el primer mes y fracción del gobierno de José Antonio Kast.

La conversación transitó desde el polémico oficio de Hacienda sobre programas sociales hasta el Bencinazo, pasando por la ausencia del Presidente en la escena pública y la disputa por el sentido común en un país que —a su juicio— transita desde el feminismo y el ecologísmo de hace cuatro años hacia un individualismo de corte "modelo Uber".

Diseño y fracturas del primer mes

— El gobierno lleva apenas un mes, pero ya hay una serie de episodios que generan ruido: el oficio de Hacienda sobre recortes, el Bencinazo, las contradicciones entre el Segundo Piso y los ministerios. ¿Cómo lee este cuadro comunicacional?

En el marco de la segunda semana de gobierno, Cristián Valenzuela —el principal asesor del Segundo Piso— distribuyó una especie de circular entre las distintas reparticiones públicas: ministerios, subsecretarías y otras instituciones. Ahí se describía cómo debía ser la comunicación del gobierno, que todo debía pasar por el Segundo Piso, que no podía filtrarse información y que si algo iba a salir debía ser avisado previamente. Una especie de estalinismo total en el control de las comunicaciones del gobierno, lo que obviamente en el siglo XXI con redes sociales es utópico.

Ese fue el punto de partida en lo comunicacional. Pero luego uno va viendo que el gabinete en general —y la subsecretaría también— son básicamente personas del mundo privado. Y las personas del mundo privado, yo trabajé muchos años en ese ámbito, como ejecutivo y gerente en televisión y en banca, saben que lo que más se premia es la autonomía y el cumplimiento de objetivos. Al final del año se les pasa la cuenta: ¿cumplió o no cumplió?

Esa es la lógica del emprendimiento y la iniciativa individual. Entonces tenemos, por un lado, a Valenzuela e Irarrázaval tratando de controlar el sistema, rayando la cancha, y por otro, a un gabinete de personas tremendamente autónomas. Tres o cuatro ministros tienen perfil político; el resto viene del mundo privado absolutamente, con muy poca experiencia política. Partiendo por Mara Sedini, la vocera nada menos de un gobierno que tiene que comunicar todo lo que hace, un gobierno que viene a reformar. Esa encrucijada es bastante letal en términos de producción comunicacional y política.

Cristián Leporati 2

Cristián Leporati / El Desconcierto

— Arturo Squella, el timonel del Partido Republicano, apuntó al Segundo Piso como responsable del episodio del oficio de Hacienda. ¿Comparte ese diagnóstico?

Es fácil echarle la culpa al empedrado y cortar el hilo por la parte más débil. Pero hay un problema de diseño del gobierno, un problema de diseño político que es bastante grave. Si uno lo analiza bien, todos sabíamos desde inicios del año pasado que era muy difícil que ganara Jara. Una vez que se postulaba como representante del progresismo, siendo comunista, no tenía mayor opción en un país que tiene todo un rollo con eso.

La lógica pendular estaba clara, lo que significaba que Kast iba a ser presidente. Eso implica que el diseño de gabinete debería haberse preparado con muchos meses de antelación. Y sin embargo, con ese tiempo, no son capaces de diseñar un gabinete que dé respuesta. Un gobierno que siempre dijo en campaña que quería ser doctrinario en su posición política e ideológica, que quería reformar cosas importantes, pero que cuando uno lo ve tiene mucha improvisación. Algo no cuadra.

— ¿Y la teoría de que los errores son deliberados, que sirven para distraer?

Es una conversación típica de élite, de expertos en complot. Eso se acrecienta en el mundo digital y después aparece en los medios más tradicionales. Pero el punto es otro: bajemos al nivel de la calle. Hay un 50% de personas que votaron de forma obligada, que son resultadistas, consumidores de política.

Vienen a comprar un producto que se les ofreció en campaña y lo van a ir castigando o premiando al gobierno en la medida en que se cumpla o no. Hasta ahora lo que estamos viendo —por el Bencinazo, por una mala política pública— es que a la gente la está golpeando. Por abajo la gente no está hablando de complots: está pensando en que los crímenes se mantienen, en sus problemas económicos, en la inflación que está partiendo.

— El Bencinazo llama la atención porque, comunicacionalmente, era evitable. ¿Cómo se llega a esa decisión?

Es la doctrina, son las convicciones de las personas que nos están gobernando, y también las de un sector económico e industrial que se refleja en el gobierno actual. Más la inexperiencia política. La mezcla de inexperiencia con fanatismo ya sabemos que es una mala mezcla, particularmente con una base electoral baja. Kast fue elegido, pero con un 25% en primera vuelta. Esa es su base. Hay que decirlo. Tenemos un Parisi que, si hubiera pasado a segunda vuelta, hubiera sido presidente. Entonces cometer estos errores es delicado porque le van a minar la base muy rápido. Lo que hay es una mala lectura de la realidad del gobierno en este momento.

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Cristián Leporati y Gino Stock / El Desconcierto

El liderazgo presidencial ausente

— Hay otro flanco que se comenta: el presidente no aparece. Los ministros funcionan como escudos, pero Kast permanece en segundo plano. ¿Qué lectura hace de eso?

Yo estaba esperando que apareciera el Kast verdadero. Cuando era candidato, tenía que dar una retórica más severa, una narrativa de campaña y de guerra. Había retórica pendiente: tantos días para el 11 de marzo. Esperaba que apareciera el Kast de los últimos diez años como candidato permanente, pero no apareció.

Hasta ahora no apareció. Y yo creo que en eso el gobierno tiene un problema de diseño, porque en un país presidencialista, el ciudadano es bien autocrático de estructura mental. Le gusta que lo manden, le gustan los mandatos sólidos. Bachelet puede ser una excepción porque tenía simpatía y otras cualidades que la llevaron a ser eficaz en ese liderazgo emocional, pero el peso de un presidente o una presidenta sólida no está presente, y eso le hace falta a un país.

No basta con repartir a todos los ministros entre las comisarías el día del carabinero. Eso no es liderazgo. Liderazgo es como hacía Lagos, que mandaba el guatazo y todos quedaban marcando ocupados. O la Bachelet que despedía a su ministro en una entrevista con Don Francisco. Autonomía, liderazgo. Yo no lo veo.

— Y en ese contexto hay otro elemento: el gobierno sigue con un discurso analógico, culpando al gobierno anterior.

Gobernar hoy en día es comunicar también. Comunicar es lo simbólico, y en eso, hasta ahora, le ha costado. Insisto en que Kast es una persona creíble por su formación schoenstattiana; toda su vida ha estado en ese mundo. Eso te arma, te condiciona. Hay una forma de ser importante y carismática en un momento en que el país necesita ser acogido. El gobierno anterior era un padre castigador, que te golpeaba pero también te daba un premio. El país que plantea la derecha requiere ser acogido como una madre. Pero ese Kast no aparece.

El mundo de las comunicaciones es el mundo de lo simbólico, de las señales y de las consecuencias. La mujer del César debe serlo y parecerlo. En una crisis económica estructural como la que plantea el gobierno actual, ser consistente en lo comunicacional es fundamental. Y ahí tenemos un tema.

La disputa por el sentido común

— El gobierno, y en particular algunos ministros como Quiroz, hablan de una disputa por el sentido común. ¿Cómo lee esa estrategia?

No es una disputa, es una imposición.

El sentido común de hace cuatro años en Chile era el feminismo, la igualdad de género. Si analizas el sentido común desde el año pasado a la fecha, es totalmente distinto: más iliberal, más individualista, más exitista. El sentido común que nos propone hoy una parte del mundo occidental, la más de ultraderecha, es esencialmente el modelo Uber: usted es exitoso, usted es emprendedor. No tiene seguridad social; te puede ir bien o mal. Sin certezas.

Ese es el modelo que el gobierno propone de forma natural y espontánea, porque en eso creen. Y habrá que ver si ese modelo le hace sentido a ese 50% que está pendiente de la lista de compras que le mandó al gobierno durante la campaña y se la va a seguir pidiendo. Hay un cambio paradigmático importante en el electorado chileno. Viene de por ahí del año 75 con los Chicago Boys, que implantaron un modelo individualista en lugar del comunitario anterior, y ese modelo tuvo éxito. Al chileno le encanta ir al mall, compró ese modelo.

Pero es un modelo cada vez más exigente. El cliente hoy —porque ya no es un ciudadano sino un consumidor de política— quiere las lucas para seguir viajando, pagando la hipoteca, comprándose el auto. Y si la CEPAL proyecta un crecimiento del 2% para Chile en 2026, uno de los más bajos de Latinoamérica, hay una disonancia grave entre el chileno aspiracional y lo que le está ofreciendo el gobierno real.

Los medios y los poderes fácticos

— ¿Cómo lee el ecosistema mediático en que se desenvuelve el gobierno? Se podría asumir que es un ecosistema favorable, considerando la propiedad de los medios.

Partiendo del supuesto de que los medios están en manos de un mundo empresarial que lo que le importa es vivir tranquilo, vivir en un lugar donde la gente esté feliz, donde se puedan hacer los negocios con calma y sin revueltas en la calle ni en el Parlamento. Quieren estabilidad.

Con esa lógica, uno ve hoy día una editorial de El Mercurio golpeando fuertemente una decisión de salud en la Quinta Región, por el caso del hospital de San Antonio, señalando que la directora regional era elegida por la alta dirección pública y estaba muy bien evaluada. Eso te quiere decir que los empresarios tienen un peso político muy importante en lo comunicacional, porque son los dueños de los medios.

Y si este gobierno empieza a generar intranquilidad, no te quepa la menor duda de que los medios afines políticamente al gobierno van a hacer todo lo posible para que eso cambie. Igual que hicieron con Boric indirectamente, cuando empezaron a empujar para que entrara gente del Partido Socialista —así entró Carolina Tohá—. Empiezan a dirigir de esa forma, porque lo que les importa es la tranquilidad. Son los famosos poderes fácticos.

— ¿Podría generarse una ruptura si el gobierno sigue su línea?

Hay que recordar que en 2019 fue terrorífico: iban a la casa de Piñera en bicicleta a amenazarlo. El empresario quiere estabilidad para poder desarrollarse. Nadie quiere eso. Y creo que los medios son muy relevantes de observar, porque vamos a ir viendo cómo van encuadrando las noticias y dirigiendo al gobierno hacia el punto que les interesa, que es la estabilidad.

El medioambiente: un tema de élite

— El Desconcierto tiene una preocupación importante por el medioambiente como línea editorial. Hace cuatro años, la crisis climática era un tema central en el debate público. ¿Dónde está hoy?

Lamentablemente, el tema medioambiental en general es un tema de élite. Lo fue hace cuatro años, lo fue hace ocho años, y lo va a ser ahora. La excepción fue "Patagonia sin represas", el único hito comunicacional y político en que se masificó un poco más, bajó un poco más hacia el ciudadano. Pero cuando uno habla de permisología, de medioambiente en general, a la gente de la calle le da lo mismo. Solo lo van a sentir en la medida en que les afecte directamente.

Hay que decirlo: el 90% de los chilenos tiene dificultades para llegar a fin de mes. La mediana de ingresos es 500 mil y fracción. En ese contexto económico, el tema ambiental no le hace sentido a la gente. Por eso es tan delicado cómo el gobierno maneja la permisología, porque puede hacer lo que quiera: el tema no es relevante para la mayoría. Y mientras tanto lucha contra gobiernos ultraliberales como el de Milei o el trumpismo, que lo minimizan y lo ven como un estorbo para el progreso.

Puedes ver la entrevista completa en esta nota o en el canal de Youtube de El Desconcierto.

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