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¿Nos olvidamos del Didymo?

El desequilibrio provocado por la presencia del didymo influye en actividades recreativas como la propia pesca deportiva, la misma que habría facilitado su llegada a estos ecosistemas, y también impacta sobre el paisaje acuático, el que podría disfrutar cualquier visitante cuando se baña en estas aguas. Con todo ello, el impacto afecta negativamente al sector del turismo, que en la zona sur es un pilar importante de la economía y desarrollo sustentable.
Por Gabriela Mancilla 13 de febrero de 2026 - 00:00

Cuando pensamos en el sur de Chile y la Patagonia imaginamos paisajes prístinos bañados por ríos y lagos de aguas transparentes, con un buen estado de conservación. Pero si miramos con atención el fondo del río, la imagen puede cambiar por completo, aparece una alfombra viscosa llamada “moco de roca”. Es probable que nos sorprendamos al ver esta capa generada por el anclaje y proliferación del alga invasora Didymosphenia geminata,  mas conocida como Didymo.

Aunque el primer registro de esta especie en Chile fue en el año 1964 en los ríos Sarmiento en la región de Magallanes y Cisnes en la región de Aysén, su comportamiento como especie invasora comenzó a evidenciarse recién el año 2010 en el río Futaleufú en la Región de Los Lagos.

La introducción de esta especie en los ecosistemas del sur provino desde el hemisferio norte transportada en los zapatos, ropas y equipos de turistas dedicados a la pesca deportiva que no tuvieron el resguardo de desinfectar sus implementos y equipos al moverse de un lugar a otro, incluso de un país a otro.

Debido a la problemática de esta especie invasora, desde el año 2016, el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) ha desarrollado un monitoreo permanente del didymo, desde la región del Maule hasta la de Magallanes, registrando su presencia en todas las cuencas estudiadas. En cada una de ellas, existe al menos una subcuenca donde el alga se ha encontrado en estado de proliferación.

El escenario es alarmante: la Resolución Exenta N°2032-2024 de la Subsecretaría de pesca (Subpesca) ya declara al didymo como plaga en 159 subsubcuencas, mientras mantiene a otras 39 bajo la categoría de riesgo de plaga. No obstante, aún quedan sistemas en los cuales no se ha detectado su presencia y son los que debemos cuidar de manera especial.

Este monitoreo ha permitido, además, conocer los requerimientos de esta especie para proliferar. De esta forma, cuando esta alga logra anclarse al fondo y se acompaña de un entorno favorable como las aguas lentas, buena luz y pocos nutrientes, surge de tal forma, que genera una capa viscosa que cubre el fondo de los cursos y cuerpos de agua, bloqueando el ingreso de la luz solar y asfixiando a los otros organismos. Lo que tiene como consecuencia, la disminución de la diversidad presentes en el agua, afectando finalmente a los peces.

El desequilibrio provocado por la presencia del didymo influye en actividades recreativas como la propia pesca deportiva, la misma que habría facilitado su llegada a estos ecosistemas, y también impacta sobre el paisaje acuático, el que podría disfrutar cualquier visitante cuando se baña en estas aguas. Con todo ello, el impacto afecta negativamente al sector del turismo, que en la zona sur es un pilar importante de la economía y desarrollo sustentable.

Debido a las afectaciones provocadas, es necesario educarnos de como evitar la propagación de esta especie. Es importante sostener la información de la problemática durante todo el año, especialmente en la época estival, que es cuando aumenta la concurrencia a ríos y lagos.

Es fundamental también que el rol del estado sea potenciado con diversas campañas, ya que vemos un relajamiento en la prevención. Con esto, aunque ya es amplia su distribución, podríamos evitar su ingreso a ríos y lagos que aun se encuentran libres de esta alga.

¡Es tarea de todos los visitantes de ríos y lagos! Debemos recordar que lavar y desinfectar nuestra ropa, calzado y equipos como kayaks o SUP posterior a ingresar y/o sumergirnos en un cuerpo o curso de agua es fundamental para evitar transmitir esta alga de un sistema a otro y prevenir su expansión cuidando así nuestros ecosistemas.

Porque el Didymo no huele, no hace ruido y no genera titulares, pero sigue avanzando mientras lo ignoramos.

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