El 11 de marzo, Chile iniciará un nuevo ciclo político con la llegada de la ultraderecha al Palacio de La Moneda. De la mano del líder del Partido Republicano, José Antonio Kast, quien asumirá la presidencia tras la administración del Presidente Gabriel Boric (FA), marcando un nuevo giro pendular en el sistema chileno.
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Este cambio ocurre mientras el gobierno saliente, encabezado por exdirigentes estudiantiles de 2011 como el mismo mandatario y la ministra vocera Camila Vallejo (PC), realiza el traspaso administrativo y balance a cuatro años marcados por la postpandemia, sus consecuencias económicas y las expectativas frustradas en torno a una nueva Constitución.
La titular de la Secretaría General del Gobierno (Segegob) conversó con El Desconcierto sobre estos temas. También abordó la formalización de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, el complejo proceso de reconstrucción luego de los incendios forestales y los desafíos comunicacionales en un contexto de fragmentación política y polarización.
La candidatura de Bachelet y el multilateralismo
-La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU ha generado controversia, considerando que el gobierno está terminando y llegará una administración que no es afín. Además, está la hegemonía estadounidense en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Es una buena idea?
Este es un momento donde Chile puede hacer historia. Es una tremenda oportunidad para nuestro país y es la primera vez que Chile postula a una compatriota, con una marcada y reconocida trayectoria, a un cargo tan relevante como la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Estamos hablando del organismo multilateral más importante del mundo, en un contexto donde especialmente se requiere, además, un liderazgo importante, se requiere una modernización de esta instancia a propósito de los problemas que está viviendo el mundo, y que pueda defender y fortalecer sitios que son claves en el derecho internacional, cómo se defienden los derechos de todas las naciones, que pongan en el centro el derecho internacional humanitario.
En ese sentido, Chile puede hacer un tremendo aporte. Chile ya no es ese país pequeño, alejado, que nadie conoce, sino que es un país que puede aportar muchísimo al mundo.
Y por eso creo que es una candidatura que no debe ser mirada en clave de política chica o en clave netamente nacional y contingente, sino que tiene que ser mirada como una candidatura que trasciende las diferencias políticas y que pueda realmente posicionar con mucho orgullo a Chile en el multilateralismo.
-Hay partidos del próximo gobierno que no están de acuerdo con esa candidatura. ¿Usted cree que se podría caer esa intención?
Hay distintas miradas, tanto de aprobación de figuras de la derecha como críticas. Pero al final me quedo con el llamado del gobierno a poner en el centro un espíritu patrio, un compromiso de unión en torno a una postulación chilena. Y es una postulación ya no solo de Chile, sino también de Brasil y México, los dos países más grandes de América Latina. Eso le da una fuerza muy especial.
Hay que considerar no solo las diferencias políticas nacionales, sino también la perspectiva global.
Reconstrucción y modernización del Estado
-Hay quienes piensan que la reconstrucción y la entrega de bienes de emergencia ha ido lento. ¿Cuál es su balance del proceso, considerando los múltiples incendios que ha enfrentado el gobierno?
Cuando llegamos al gobierno había alrededor de 2 mil familias que todavía no tenían soluciones habitacionales pendientes, incluyendo las del 27F. El terremoto-tsunami había sucedido hace más de tres periodos de gobierno, 12 años atrás incluso, y quedaban reconstrucciones pendientes tanto del 27F como de otras catástrofes: inundaciones, incendios, procesos abiertos en casi todas las regiones del país.
Esto demuestra que los procesos de reconstrucción son difíciles y lentos. Tanto así que tuvimos que asumir varias obras pendientes de eventos anteriores. Tenemos el desafío —y el presidente lo ha señalado respecto a lo que está pasando en la región del Biobío— de modernizar el Estado y darle capacidad para estos procesos.
No es solo un problema de burocracia, sino de las herramientas que tenga para exigir más apoyo a los privados. Nosotros ponemos los recursos, pero muchas veces son las empresas privadas las que entregan los materiales, las que reconstruyen, son proveedores de distintos servicios que el Estado tiene que articular.
Se requiere, con la experiencia que ya tenemos en Chile —que si bien ha ido mejorando, pasamos de la ONEMI a SENAPRED para gestión de riesgos— una institucionalidad de reconstrucción mucho más moderna y con mayor capacidad para ir más rápido en ayuda a las personas y atender sus problemas más urgentes.
-¿Cómo va el proceso de traspaso de mando?
Se ha estado trabajando como mandató el presidente con mucha responsabilidad, con mucha transparencia y rigurosidad para que sea impecable. Independientemente de las evidentes diferencias políticas que tiene nuestro gobierno con el gobierno entrante, hay una continuidad del Estado que se tiene que mantener.
Y en materia de reconstrucción se les entrega todo. Y eso implica no solo de los procesos que nosotros nos podemos enfrentar por incendios forestales, o por las inundaciones, sino que también de todos los procesos de arrastre que el Estado ha tenido que administrar gobierno tras gobierno.
Balance del gobierno: estabilización y transformación
-¿Cómo evalúa el trabajo comunicacional del gobierno, considerando que a veces lo que trasciende no son los avances en materia legislativa, las cifras económicas o las reformas, sino la percepción de que el gobierno no hizo suficiente?
En lo concreto, nuestro gobierno tuvo que estabilizar muchas áreas críticas y al mismo tiempo transformar realidades, empujar cambios para mejorar las condiciones de vida de nuestros compatriotas y avanzar hacia un Chile más justo.
En estabilización enfrentamos al menos cuatro crisis cuando en 2022 llegamos a La Moneda. Primero, la crisis sanitaria producida por el efecto de la pandemia, que generó un crecimiento muy grande en los tiempos de espera. Segundo, la crisis educativa: retomar la presencialidad, los aprendizajes, la asistencia y la reincorporación al sistema educativo fue una gran tarea.
Tercero, la crisis migratoria y de seguridad, que ha sido la más planteada y conversada.Y cuarto, la crisis económica. Tuvimos sobrecalentamiento de la economía que generó un efecto inflacionario de hasta 14%, producto de los retiros, los IFE laborales, todos los recursos que se entregaron de manera directa a las familias, más la guerra de Rusia contra Ucrania.
Pero también transformamos. Sacamos adelante la reforma de pensiones, que si bien no terminó con las AFP como queríamos porque no tuvimos los votos necesarios, sí logró crear un seguro social que ya está entregando pensiones de hasta más de 100 mil pesos adicionales.
Las políticas transformadoras incluyeron: redistribución de la riqueza mediante el royalty minero, la ley de fraccionamiento pesquero que redistribuyó las cuotas desde la industria a la pesca artesanal, el aumento del salario mínimo, las 40 horas, la universalización de la salud con copago cero, la universalización de la atención primaria y el Sistema Nacional de Cuidados.
Nos tocó enfrentar cuatro crisis, estabilizar la situación y por otro lado transformar. Algunos han dicho que este gobierno abandonó las transformaciones. Este gobierno empujó transformaciones importantes, considerando la minoría parlamentaria que teníamos y que todos los años hubo elecciones. ¿Saben lo que significa sacar leyes y reformas estructurales teniendo climas electorales donde es mucho más complejo plantear temas o lograr los votos? Es muy complejo.
Los desafíos comunicacionales
Y a propósito de eso, también está la comunicación. En lo concreto, logramos la estabilización. La inflación está alcanzando menos del 3%, una muy buena noticia. El crecimiento económico se recuperó, los pasos irregulares van a la baja, las fronteras son mucho más resguardadas, los ingresos irregulares disminuyeron casi un 50%, la violencia rural más de un 80% y sacamos más de 10 millones de personas de la lista de espera. Van las buenas noticias en ese ámbito.
Pero comunicar todo esto cuando en Chile pareciera ser que importan más las malas noticias y los conflictos es desafiante. Comunicar los avances cuando la pregunta recurrente es sobre un conflicto, cuando tenemos un país políticamente muy fragmentado —nunca antes habíamos visto 20 fuerzas políticas en un parlamento—, con una coalición que ha tenido sus momentos de tensión, que no está 100% consolidada, con elecciones parlamentarias todos los años y con dos procesos constituyentes que también generaron climas de polarización, no es nada fácil.
El arte de la comunicación, y en particular el rol de la vocería, ha tenido que enfrentarse a esos desafíos buscando otros métodos, llegando más al territorio, viendo cómo ocupar más las redes sociales y buscando el equilibrio en un clima de tensión permanente que hemos tenido en lo político durante estos cuatro años.
-¿Cómo definiría la relación con los medios de comunicación?
Yo diría que es respetuosa y profesional, aunque nunca es fácil. La pauta en general está concentrada en tres o cuatro temas. Cuesta diversificar los contenidos, considerando que la ciudadanía tiene otras preocupaciones y temas de interés que podrían abordarse, pero en general la relación siempre ha sido bastante profesional.
Eso ha permitido entender que el trabajo de la vocería o del ministerio no puede ser solamente la entrevista o los puntos de prensa. Hemos desarrollado una agenda para diversificar el ecosistema medial.
Tenemos un proyecto para crear dos radios públicas, porque en Chile no existen más allá de las radios universitarias. Estamos proponiendo la creación de una radio de Televisión Nacional y otra radio Carabineros en todo el país.
También impulsamos la Ley de Fortalecimiento a Televisión Nacional, la creación de otro espectro para las radios comunitarias y toda la agenda sobre desinformación. Enfrentar la desinformación ha sido parte de los desafíos, porque vemos que en plataformas y redes sociales hay demasiada información falsa y la gente necesita más herramientas para identificarla.
El ministerio no es solamente el trabajo de vocería, dar entrevistas o puntos de prensa. Hay todo un trabajo previo que requiere rigurosidad y preparación, una agenda legislativa y de trabajo programático que a veces no se ve, pero que es muy importante para fortalecer la democracia.
Política como arte de articular lo posible
-¿Cómo dialoga estas ganas de transformar las cosas con una institucionalidad que es bastante rígida? ¿Qué rescata de todo ese proceso?
Es todo un arte. La política, cuando se logra ocupar bien, es hermosa porque tiene siempre el desafío de cómo conciliar la institucionalidad, la demanda social e incluso la iniciativa privada para mejorar la realidad del país.
Lo vi siendo dirigente estudiantil, después parlamentaria, pero ahora siendo gobierno ves un panorama mucho más general de cómo coordinar todas estas dimensiones para entregar mejores condiciones de vida. Todas las herramientas que están en el Estado.
Esa ha sido la batalla constante. Cómo ocupar la institucionalidad que tenemos después de que no hubo un cambio en la Constitución. Tenemos la que heredamos de la dictadura, que si bien fue reformada, sigue siendo la misma, y aun así ocupar estas herramientas con la correlación de fuerzas parlamentarias para generar cambios.
La transformación principal que logramos hasta el momento fue la de pensiones. Si bien no terminamos con las AFP, sí logramos introducir un pilar de seguro social que incorpora solidaridad intergeneracional, que incorpora el aporte de los empleadores y, por sobre todas las cosas, que está generando mejoras de pensiones, que al final es lo más importante.
Eso es tener una transformación en un Estado que tiene un determinado parlamento, que tiene determinadas normas constitucionales que no han sido cambiadas, y sin embargo hoy ha transformado las condiciones de vida de miles, incluso millones de jubilados y jubiladas que ya están recibiendo mejores pensiones.
Y eso no es cualquier cosa. Son jubilados que antes tenían que decidir si comprar el medicamento o tener algo para cocinar y alimentarse. Hoy ya no tienen que tomar esa decisión. Pueden financiar un costo básico para vivir más dignamente gracias a la mejor pensión.
-¿Qué ha sido lo más significativo de estos cuatro años de gobierno?
Una de las cosas más emocionantes fue aprobar el proyecto de las 40 horas. Costó mucho sacar adelante la reducción de la jornada laboral después del gobierno de Piñera, pero lo logramos. Fue un momento muy significativo que ha mejorado la calidad de vida de muchas familias trabajadoras.
Aún no se ha implementado completamente. En abril de 2026 la jornada laboral alcanzará las 42 horas. Ahora estamos con 44 horas y ya ha mejorado la calidad de vida de varias familias. Va a seguir mejorando hasta llegar al régimen completo de 40 horas.
Para mí fue muy emocionante porque significa no solamente avanzar en derechos laborales, sino que la gente tenga más tiempo para descansar, para estar en familia, para estar en comunidad, para participar. De lo que se trata, finalmente, es de la existencia.
-¿Y el principal desafío?
El desafío es comunicar cuando pareciera ser que lo que más vende es el conflicto y lo negativo. En un mundo donde todo es demasiado rápido y dinámico, cuesta que la gente pueda discernir lo que es real y lo que no.
Estamos inundados con la inteligencia artificial, deepfakes, cosas que parecen ciertas pero no lo son, y las cosas ciertas al final terminan siendo cuestionadas. En ese mundo de las comunicaciones, llegar a la gente con lo que es real, concreto y que le puede beneficiar efectivamente es muy complejo. Ese es el principal desafío.
Sumado a que estamos en momentos donde a veces parece que la polarización o descalificar al adversario es lo que prima.
El futuro del progresismo
-¿Cómo ve al progresismo el próximo año? ¿Unido o fracturado?
Yo estoy convencida de que lo que necesita Chile es un progresismo unido, articulado. Al menos cordial. Porque gracias a esa unidad logramos sacar la reforma de pensiones. La reducción de la jornada laboral fue por esa cohesión.
Después de 18 años logramos crear el Ministerio de Seguridad Pública, también gracias a la unidad de nuestro sector. Aprobamos la ley de deuda histórica a los profesores, que se está pagando, por la misma razón.
Entonces, la unidad no es una cosa estética ni un simple discurso. Tiene efectos concretos para las personas. Sirve para resolver los problemas de la gente.
Por eso es tan importante que, ya estando fuera de gobierno, las fuerzas progresistas no sean solo una oposición coordinada para defender los avances de esta administración —copago cero, etcétera—, sino también para seguir planteando los desafíos pendientes para el futuro.
Si pudimos avanzar en la reforma de pensiones, ¿qué quedó pendiente? Si logramos el copago cero en salud y la universalización de la atención primaria, ¿qué falta en salud? ¿Qué debe plantear el progresismo como proyecto alternativo en el futuro ciclo electoral?
Eso es muy importante porque tiene no solo discurso o voluntarismo, sino una necesidad real que impacta directamente en la vida de las personas.
Sobre el resultado electoral
-¿Qué respondería a las personas que son críticas con el gobierno y le atribuyen responsabilidad al Ejecutivo por el triunfo de la ultraderecha en las elecciones presidenciales?
Primero invitaría a no ser reduccionista al hablar del último resultado electoral. Es necesario considerar varios elementos: el contexto mundial, los procesos políticos y electorales que ha tenido Chile en las últimas décadas, que han sido sumamente vertiginosos.
Debemos analizar no solo el rechazo a la propuesta constitucional del primer proceso, sino también el segundo. También es importante observar cómo fue el resultado en la última elección presidencial, no solo respecto a las dos candidaturas finalistas, sino cómo se posicionaron quienes no llegaron a segunda vuelta. Es clave entender cómo se está comportando el nuevo patrón electoral.
En fin, es necesario examinar distintos fenómenos antes de asumir una posición simplista sobre lo que exactamente pasó. Apuntar con el dedo es bastante fácil, pero también reduccionista. Los procesos son mucho más complejos.
En una democracia es normal que existan análisis críticos, observaciones críticas, pero ninguna puede ser la respuesta única a todos los problemas. El presidente lo ha dicho, cada partido, cada fuerza política tiene que hacer su propia reflexión.
Pero lo importante al final es que Chile vea siempre posibilidades de futuro. Esto nunca se queda estático, no es algo estanco. No estamos ante una fotografía del momento, sino que siempre deben existir proyectos que den esperanza en el futuro de nosotros, de nuestros hijos, de nuestro país.
Prioridades pendientes
-¿Qué queda pendiente? ¿Qué le hubiese gustado lograr?
De las cosas pendientes, la prioritaria es el proyecto de Sala Cuna Universal. No pierdo la esperanza de lograr un acuerdo durante la primera semana de marzo para destrabar este proyecto tan importante para las familias chilenas, principalmente para las mujeres que necesitan este derecho tanto para el cuidado de sus hijos como para proyectarse en el ámbito laboral.
Es probable que esto quede para después del 11 de marzo, pero sigue siendo la máxima prioridad de lo que resta. Además, hay otros proyectos con buenas perspectivas: la ley de incendios forestales, el Subsidio Único Familiar, la reforma del sistema político y el nuevo sistema de financiamiento electoral.
Una de las reformas más ambiciosas es terminar con el CAE y crear un nuevo sistema de financiamiento para la educación superior. Es una gran reforma que debemos intentar. Siempre nos dicen que es muy difícil, pero no podemos bajar los brazos.
Somos persistentes y a veces bien porfiados en perseverar por el cambio que requiere nuestro país. Vamos a insistir hasta el último día de nuestro mandato en estos proyectos: la Sala Cuna Universal, el financiamiento estudiantil y muchas otras iniciativas legislativas.
Futuro personal
-¿Qué está pensando para el futuro? ¿Qué se viene para Camila Vallejo una vez que termine el gobierno?
Mira, no mucho, pero definitivamente voy a dedicar más tiempo a mi familia y a descansar. Desde 2006 estoy en primera línea y quiero aprovechar al menos este 2026 para disfrutar más de mis dos hijos.
Obviamente, como cualquier mortal, también tendré que buscar trabajo. No sé si eso será de inmediato. Pero por ahora mi trabajo está bien claro: cumplir con el mandato del presidente hasta el último día y honrar todos los compromisos que tenemos con nuestro país.
-¿Y regresar a la política después de este descanso?
Soy política por naturaleza, al menos desde que tengo conciencia política, y lo seguiré siendo. Otra cosa es si estaré en primera línea o en un rol más de acompañamiento. Tengo claro que este 2026 no voy a estar en primera línea.
Estar tanto tiempo en ese rol exige sacrificar muchas cosas personales. Lo he asumido, obviamente, no me quejo. Ha sido una decisión tomada con convicción de estar donde debía estar. Pero creo que hoy, después del 11 de marzo, está bien bajar el cambio.