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El camino de la derrota: Desde las movilizaciones sociales hasta el triunfo de la ultraderecha (Segunda parte)
D. Crisis de Migración y Seguridad
Ambos temas eran la principal urgencia para las personas. La asfixiante inseguridad genera temor, miedo; estábamos acostumbrados a caminar las calles con confianza y eso lo hemos perdido como país. Un repartidor de gas trabaja hoy solo hasta las 17.00 horas porque después corre el riesgo que le arrebaten los balones, que es su capital de trabajo, así lo transmite a sus clientes.
El cambio cultural que significa la venta de alimentos en las veredas, y la música estridente a cualquier hora, en cualquier día, por parte de la población migrante, resulta agotador para muchos. Estas vivencias no se perciben en Las Condes o Ñuñoa, pero están en los barrios todos los días. No es solo la influencia de los medios de comunicación en manos de consorcios empresariales, la experiencia se transmite de boca en boca, murmullo a murmullo.
Era de prever que la elección se decidiría en torno a migración y seguridad. Para la oposición era muy fácil, para el gobierno muy complejo. El país no estaba preparado para una migración fuera de control, con fronteras permeables fácilmente, que además se había iniciado mucho antes y crecía sin parar. Las instituciones policiales no estaban preparadas para combatir el crimen organizado; sabían dominar delincuentes con arma blanca, actuando en solitario, pero no bandas internacionales.
No había que dejar el campo abierto, a disposición de la derecha para que dijera lo que se le antojara sin recibir respuestas. Era necesario disputarlo, mostrando los avances sustanciales en ambas materias que ha logrado el gobierno. De los migrantes venezolanos, el 81 % ingresó entre 2017 y 2022, solo el 11 % entre 2023 y 2024, estos son los hechos. Había que desmentir desde un principio la campaña demagógica de expulsar a la migración irregular por ser imposible, al igual que el corredor humanitario. El sistema de comunicación del gobierno y de toda la coalición resultó estar muy lejos de las necesidades, durante los cuatro años de ejercicio.
Ante la necesidad ineludible de enfrentar a la derecha en este campo, no era posible separar a la candidata del gobierno; no era creíble por lo demás, y esa realidad no se podía modificar. Al buscar la separación, en que nadie creía, se dejaba libre el camino a la derecha en una materia que definía la elección. Migración y delincuencia permitieron a la derecha desplazar las demandas sociales hacia orden y seguridad, y abrieron la puerta al regreso del pinochetismo.
E. Cambio de padrón
Ha surgido entre las razones que explican la derrota el surgimiento de un nuevo clivaje en el país, en torno al cual se ordenan las tendencias políticas, que sería el clivaje Apruebo - Rechazo. Este nuevo clivaje vendría a superar el antiguo clivaje Democracia - Dictadura presente en Chile durante los últimos 40 o 50 años. No parece convincente esta apreciación. Un clivaje político está ligado a una época histórica y están vigentes durante decenas de años. Este nuevo clivaje está ligado a una coyuntura política y no a una época, tiene apenas tres años y parece imposible que represente el conflicto político de los próximos decenios.
La explicación más directa y concreta del resultado electoral está en el cambio del padrón con la incorporación del voto obligatorio. La votación de izquierda y centro izquierda no ha disminuido desde la anterior elección presidencial: 2021 4.621.000 votos, 2022 Convención 4.859.000 votos, 2025 presidencial 5.218.000 votos. Año 2021 con voto voluntario y los restantes con voto obligatorio. La votación aumenta pero no logra atraer el voto obligatorio.
El año 2025 se agregan al padrón 7.414.000 nuevos votantes por voto obligatorio, en relación al padrón del año 2021. Al restar al nuevo padrón la abstención y los votos nulos de la última elección, resulta que los nuevos votantes reales fueron 4.121.000.
La variación de votos de cada candidato respecto al año 2021, es de 597.000 votos más para Jara y de 3.605.000 votos más para Kast. Ambas variaciones suman 4.202.000 votos.
Dado que los nuevos votantes reales fueron 4.121.000, puede inferirse que aproximadamente el 87% de los nuevos votantes (3.605.000), votó por Kast. Los nuevos votantes decidieron la elección.
La Izquierda y Centro izquierda entonces, no ha disminuido su votación, la ha aumentado. El problema es que su influencia en los nuevos votantes es muy menor, y mientras no resuelva ese problema no conseguirá ganar elecciones con el nuevo padrón.
F. Falta de un proyecto político histórico
Ningún partido del conglomerado que apoyó a Jara tiene un proyecto histórico que proponer. Caminan a tientas, viven al día, sin horizonte En todo el mundo los partidos dejaron de ser partidos programáticos, que propongan una sociedad por alcanzar y se transformaron en máquinas electorales para ganar elecciones. Así, la política perdió centralidad para las personas, dejó de interesar al ciudadano común. La política se transformó en cupular, una elite partidaria eligiendo candidatos, generalmente las mismas caras, discutiendo temas muchas veces triviales.
Hemos vivido así un largo proceso de desafección política, que ha ido en aumento a través de los años transcurridos desde la recuperación democrática. Los partidos se fueron despolitizando, dejaron de hacer política. Viven un proceso ya largo de burocratización. Son partidos débiles, de lana. Es imposible el cambio social estructural con partidos tan desnaturalizados.
Un partido transformador que cuestiona el estatus vigente debe tener un programa, en donde debe plasmar su crítica a la sociedad actual y los fundamentos de su propuesta. Su mirada requiere ser estratégica, de largo plazo, resaltando las cualidades de la sociedad distinta que propone. En definitiva, un partido transformador requiere tener un proyecto histórico.
Con el nuevo padrón electoral, los nuevos votantes obligados están decidiendo las elecciones. Vivimos una época de hegemonía neoliberal y se requiere ver el mundo tal cual es, individualista, poco participativo, despolitizado, desconfiado y además angustiado por la crisis migratoria y delictual.
A ese país complejo hay que proponerle un proyecto histórico que le haga sentido. Menuda tarea, pero hay que asumir que el mundo de hace cinco décadas anteriores no existe más. La política que vale la pena tiene mucho de utopía, de esperanza, o de sueño por alcanzar. Debe tener un relato, hablar de esperanzas de una sociedad menos desigual.