En los últimos meses, medios internacionales han alertado sobre la crítica situación del abejorro Bombus dahlbomii, considerado el abejorro más grande del mundo y una de las especies más emblemáticas de los bosques del sur de Chile y Argentina. Su población ha disminuido drásticamente y hoy se encuentra en peligro de extinción, principalmente por la competencia con especies introducidas y la pérdida de hábitat.
Los recientes incendios forestales han puesto en jaque la supervivencia de las abejas nativas en general. Estas especies cumplen un rol fundamental en la polinización de la flora local, pero sus formas de anidar las hacen especialmente vulnerables al fuego: arman sus nidos en troncos de árboles, en orificios del suelo, entre medio de las rocas
Cuando el fuego arrasa con estos espacios, no solo destruye a las abejas adultas, sino también a su descendencia en desarrollo, interrumpiendo el ciclo vital y reduciendo aún más sus poblaciones.
En Chile no existe un plan de protección específico para las abejas nativas, a pesar de su importancia ecológica y del riesgo creciente que enfrentan. La ausencia de políticas públicas dirigidas a su conservación deja a estas especies expuestas a un futuro incierto, en un contexto donde los incendios forestales se vuelven cada vez más frecuentes e intensos.
Abejorro en peligro
De acuerdo a información entregada por fundación Ayciencia y la oficina parlamentaria de la senadora Ximena Órdenes, en 2016 el abejorro chileno, también conocido como abejorro colorado o moscardón, fue incluido en la Lista Roja de la UICN y declarado como el primer insecto en peligro de extinción en Chile, con una disminución por sobre el 90% de su población.
Se trata de la especie de abejorro más grande y austral del mundo, y corresponde a uno de los principales polinizadores del bosque templado valdiviano y de la Patagonia. Su distribución abarcaba originalmente desde Coquimbo a Magallanes, habitando también la Patagonia argentina. Sin embargo, actualmente las poblaciones de la zona norte prácticamente han desaparecido. El mayor responsable de su declinación es el abejorro europeo Bombus terrestris”
Después de 10 años de esta declaratoria, el abejorro chileno sigue en peilgro. En Chile, la introducción de especies foráneas como el abejorro europeo y la abeja de la miel o apis mielífera ha generado un impacto profundo en la flora nativa.
El abejorro europeo, traído en 1997 para polinizar tomates, no está adaptado a flores locales como el chilco. Al no poder polinizar correctamente, perfora la base de la flor, dañándola de manera irreversible, reduciendo la producción de néctar y dejando la flor inservible.
La abeja de miel, introducida en 1844, también actúa como invasora en ciertos ecosistemas, compitiendo con polinizadores nativos y afectando la delicada relación entre plantas y especies locales.
Simbiosis entre abejas y flores nativas
El abejorro chileno mantiene una relación armónica con el chilco. Ambos han coevolucionado, logrando una simbiosis perfecta: la flor se mantiene intacta, el abejorro obtiene alimento y la planta asegura su reproducción.
Este equilibrio natural es un ejemplo de cómo la biodiversidad local se sostiene gracias a interacciones que se han formado durante miles de años.
La presencia del abejorro colorado ha disminuido drásticamente. En lugares como el Parque Nacional Huerquehue y Parque Nacional Conguillío (Araucanía), su ausencia es evidente y desoladora. Mientras tanto, las especies introducidas siguen expandiéndose sin control, con apoyo estatal que prioriza la producción por sobre la conservación.
Cuando la abeja de miel se acerca al chilco, intenta acceder a su néctar y, al no poder ingresar debido a la estructura tubular de la flor, se dirige a la base y la rompe. La flor queda dañada, pierde su capacidad de producir néctar y se inutiliza para futuras polinizaciones. Es un golpe directo a la delicada relación que por siglos han mantenido nuestras especies nativas con esta planta.
¿Qué podemos hacer?
Para evitar que la abeja de miel y el abejorro europeo dañen a las abejas nativas y a la flora local, se pueden implementar medidas como:
Regulación estricta de la importación de especies exóticas.
Fomento de la apicultura responsable, con prácticas que reduzcan la presión sobre ecosistemas nativos.
Protección activa de polinizadores nativos, como el Bombus dahlbomii, mediante programas de conservación y reproducción controlada.
Educación ambiental, para que la ciudadanía comprenda la importancia de cuidar las especies locales.
Investigación científica, que permita diseñar estrategias de coexistencia sin que las abejas nativas sean desplazadas
La abeja de miel es valiosa para la producción agrícola y la economía, pero en ciertos ecosistemas se convierte en invasora. Lejos de atacar a los productores que las usan, la prespectiva científica propone reconocer el problema, planificar su uso y promover mejores prácticas y diversificación usando polinizadores nativos.