A. El proceso de acumulación de fuerzas
El camino de la derrota: Desde las movilizaciones sociales hasta el triunfo de la ultraderecha (Primera parte)
En los primeros quince años desde la recuperación democrática el país crecía a tasas del orden del 5% anual y el país se convertía en el jaguar de Latinoamérica. Sin embargo, el crecimiento no bastó para resolver los problemas sociales y las demandas se fueron acumulando sin ser resueltas. Como muestra un botón, los ingresos precarios de la mayoría según la Encuesta INE 2021.
Este estudio informa las brechas de remuneraciones por segmentos de ingresos: Alto 22%, Medio 25%, Bajo 53% de la población. El segmento bajo, mayoritario, muestra remuneraciones descendentes desde $528.000 (operarios), hasta $380.000 (trabajo doméstico y otros). Los datos muestran una situación de ingresos precarios en la mitad de la población; este es el país real antes y después del estallido social.
El año 2006 los estudiantes secundarios salen a la calle denunciando las pésimas condiciones de escuelas y liceos. El año 2010 irrumpe el movimiento universitario cuestionando el modelo de la dictadura, en especial el lucro en educación y las deudas de los estudiantes. En los años siguientes se conocen una serie de abusos y colusiones de grandes empresas en el rubro farmacias, papel higiénico, pollos, que al ser descubiertos fastidian a la población. En las elecciones presidenciales del año 2013, de 9 candidatos a la presidencia, 7 plantean en su programa el cambio de la Constitución, que es el cerrojo que impide las transformaciones.
Más tarde, se destapan diversos casos de corrupción o abusos en diferentes instituciones: Iglesia, Ejército, Policía Civil, Carabineros, financiamiento ilegal de la política por parte de diversas empresas (un partido político tenía como “militante” a la empresa Soquimich, para facilitar el control de las donaciones). Leyes redactadas en el Congreso a través de diputados que recibían artículos redactados por empresas para proteger sus intereses (Empresas Pesqueras, Soquimich). La corrupción de empresas, políticos e instituciones conforman un clima de deslegitimación de las instituciones y de la elite dirigente del país.
Las variables anteriores conducen a la convulsión social del 2019. No era un “malestar”, Había hastío, encono y graves carencias en sectores medios y bajos, una efervescencia latente, que facilitó un movimiento de masas espontáneo, sin dirección y sin programa. También hubo una violencia inusitada, muy negativa. La masiva movilización social logra modificar la correlación de fuerzas a favor de los cambios y consigue algo inédito, un plebiscito para consultar a los ciudadanos si están de acuerdo en cambiar la constitución. La nueva correlación de fuerzas comienza a transformar el país y se expresó en el Plebiscito para aprobar o rechazar la elaboración de una nueva Constitución (2020), Elección de integrantes de la Convención Constitucional (2021) y la Elección Presidencial 2021, con el triunfo de Boric.
B. Quiebre en la correlación de fuerzas e inicio de la restauración derechista
La mayoría social y política a favor de los cambios solo duró dos años, hasta el 2021. Desde un comienzo la Convención fue un proceso muy complejo, interrumpiendo el acto y el Himno Nacional el día de su inauguración. Sin ninguna conciencia de que un proceso constituyente debe reflejar el mayor acuerdo posible, representar a todos de alguna manera, y por lo mismo sus formas y sus debates deben ser bajo un espíritu republicano.
Un proceso constituyente requiere de una visión estratégica, para establecer ciertos objetivos políticos a lograr. Una estrategia política habría “descubierto” que la correlación de fuerzas al interior de la Convención era una, y fuera de la Convención era otra, y que era necesario adecuar el proyecto político a estas condiciones. La conducción estratégica correspondía a los partidos políticos, pero no cumplieron ese papel, abdicaron de su responsabilidad dirigente o no supieron como ejercerla. La mayoría de independientes de la Convención llega cada uno con sus propias reivindicaciones, todas parciales o de nicho, sin una visión de país y sin experiencia política.
Después de la dictadura, cualquier pretensión sobre los anhelos de la ciudadanía en el sentido de estar ésta a punto de un salto revolucionario, no es realista, es simple voluntarismo e infantilismo. El hastío del estallido social del 2019 existe, pero las interpretaciones voluntaristas de su significado conducen a la derrota. Era suficiente con lograr el objetivo principal de reemplazar la Constitución de Pinochet y dar inicio a un proceso de transformaciones. Una pésima lectura del momento político es la madre de todas las derrotas y causante de llegar a ninguna parte.
El 4 de septiembre de 2022 se realiza el plebiscito constitucional, esta vez con voto obligatorio, para aprobar o rechazar la propuesta de la Convención: Rechazo 62%, Apruebo 38%, abstención 14%. Este resultado dio inicio a la recuperación de la derecha, significó un cambio rotundo en la correlación de fuerzas a partir de entonces. El gobierno quedó derrotado, en el piso y sin timón. Desde entonces, no ha sido posible retomar la influencia social y política que se había logrado. Es la derrota histórica más importante de la izquierda, después del golpe militar. Sus efectos políticos permanecen hasta hoy, porque la elección del 14 de diciembre pasado no se perdió ese día, se perdió el 4 de septiembre del 2022.
C. Gobierno de Boric, gobierno de emergencia post pandemia
Durante la reciente campaña presidencial el candidato Kast difundió en todos los tonos y durante meses que se requería un gobierno de emergencia para superar la caótica situación en que se encuentra el país. Su campaña fue exitosa pero falsa. El verdadero gobierno de emergencia fue el del presidente Boric.
Todos los países del mundo, sin excepción, con posterioridad a la pandemia de Covid 19 estaban en situación desastrosa. La paralización de la actividad económica en todo el orbe tuvo graves consecuencias, con las empresas cerradas, la consiguiente pérdida de miles de empleos, los Estados sin recursos y una inflación en todo el orbe. Otros países cuyos gobiernos se iniciaron o fueron electos en los años de pandemia o posteriores, 2020, 2021 y 2022, no han logrado terminar con éxito su periodo, como son los casos de Argentina, Honduras, Bolivia y Colombia entre otros.
Los flagelos del periodo fueron vallas que conspiraron en contra de la popularidad de estos gobiernos. Si además en el caso de Chile agregamos una crisis de seguridad y migración desbordadas, la crisis es inmanejable. El gobierno del presidente Boric fue el gobierno de emergencia post pandemia, y lo hizo bien teniendo todo en contra. Estabilizó la economía y el país recuperó la paz social. En estas complejas condiciones, el 42% de votos de Jeannette Jara es una hazaña.