sábado 12 de septiembre de 2026

Chile necesita un nuevo modelo forestal: Un tema de seguridad nacional

Ad portas de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, quien aspire a gobernar Chile debe entenderlo con claridad: sin un cambio profundo en el modelo forestal, no habrá adaptación posible al cambio climático, y si los efectos de este se intensifican, se afectará indudablemente a la economía local y nacional. Los programas presidenciales que no abordan este cambio estructural estarán condenando a Chile a seguir apagando incendios -literal y metafóricamente- con las manos vacías.

18 de noviembre de 2025 - 00:00

Chile vive un punto de inflexión. Los incendios, las inundaciones, la desertificación y la sequía prolongada ya no son fenómenos aislados: son el reflejo de un modelo forestal agotado, diseñado hace medio siglo bajo la lógica del subsidio al capital privado y la desregulación territorial. Un modelo que concentró y concentra enormes ganancias en pocos grupos económicos y deja tras de sí, entre otros, pobreza rural, pérdida de biodiversidad y vulnerabilidad climática.

Hoy, las comunas donde se concentran las plantaciones forestales tradicionales -Biobío, Maule, Araucanía- figuran entre las más pobres del país. En ellas, la riqueza exportada contrasta con la escasez de agua, el éxodo rural y los incendios cada vez más violentos.

La evidencia es contundente: el 99% de los incendios tiene origen humano, y las grandes extensiones continuas de monocultivos exóticos -principalmente pino y eucalipto- se comportan como combustible perfecto. La reciente “megasequía” que duró 14 años dejó a cientos de miles de personas sin agua potable. Las lluvias torrenciales e inundaciones del Maule y Biobío el año antes pasado mostraron, con crudeza, el precio de décadas sin planificación territorial.

Desde la Agrupación de Ingenieros/as Forestales por el Bosque Nativo advertimos que seguir posponiendo esta discusión es una irresponsabilidad histórica. Chile necesita un Nuevo Modelo Forestal: uno que recupere el valor de sus ecosistemas nativos, diversifique las plantaciones, regule su extensión y continuidad, y devuelva el agua y el ordenamiento territorial al centro de las políticas públicas.

Proponemos medidas concretas: crear una Subsecretaría Forestal, implementar una Estrategia Nacional de Gestión de Cuencas Hidrográficas que sea vinculante y participativa; reformar el Código de Aguas para asegurar la prioridad del consumo humano y ecosistémico; modificar la Ley de Bosque Nativo, dar carácter obligatorio al Protocolo de Plantaciones de 2021 (hoy solo voluntario), y que el servicio forestal recientemente creado, el SERNAFOR, se haga cargo de esta realidad.

El bosque nativo y las formaciones xerofíticas (matorrales, suculentas y cactáceas) no son una postal ni un lujo verde: es infraestructura vital para la seguridad alimentaria e hídrica del país. Regula el agua, mitiga el cambio climático y sustenta economías locales. En un escenario de crisis climática global, protegerlo es una cuestión de seguridad nacional.

Hoy, más que nunca, el bosque nativo y formaciones xerofíticas son seguridad, agua y vida. Defenderlo es defender la seguridad y el futuro del país.

Ad portas de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, quien aspire a gobernar Chile debe entenderlo con claridad: sin un cambio profundo en el modelo forestal, no habrá adaptación posible al cambio climático, y si los efectos de este se intensifican, se afectará indudablemente a la economía local y nacional. Los programas presidenciales que no abordan este cambio estructural estarán condenando a Chile a seguir apagando incendios -literal y metafóricamente- con las manos vacías.

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