
Luces y sombras de un eventual arancel estadounidense al cobre
La reciente medida del presidente Trump en términos de colocar un arancel de 25% a todas las importaciones de acero que llegasen a Estados Unidos apunta a impedir que a su mercado local siguiese entrando grandes volúmenes de acero a precios relativamente bajos.
Ello ocasionaba, según las autoridades estadounidenses, una baja en la producción interna en aquellas empresas que no podían competir con el acero proveniente del exterior. Había que proteger a la industria interna, y por ello se toma esa medida que se califica con toda propiedad como una medida proteccionista.
En ese contexto, y tan solo unos días antes de implementar dicha medida, el presidente Trump mencionó también al cobre como un producto que podría -en un futuro cercano- ser objeto de un incremento de aranceles por parte de su gobierno.
En los días recientes esa idea ha tomado la forma de una investigación que está en curso en el seno de la administración estadounidense. Frente a ello, muchos analistas locales han coincidido en que es muy difícil que Estados Unidos tome una decisión de ese tipo, pues no hay en ese país producción interna que defender, es un importador neto, necesita importar cobre, y además, el TLC que tiene Chile con ese país nos protege de una eventual alza de los aranceles.
Pero, aún cuando esa conclusión pueda ser válida, hay otras variables que incorporar al análisis de esa posibilidad. De hecho, es bueno partir por recordar que Estados Unidos no carece de producción de cobre. Es el quinto productor mundial, después de Chile, Congo, Perú y China.
Su producción en el 2024 fue de 1.1 millones de toneladas métricas, lo cual es una cantidad bastante menor en comparación con países como Chile que produjo en dicho año 5.3 millones de toneladas métricas, o el Congo, que produjo 3.3 millones de toneladas métricas.
Existe, en todo caso, producción interna dentro de Estados Unidos que puede hacer presión para que su producción goce de protección por la vía de subir los aranceles correspondientes. Si eso sucediera la producción interna de cobre, dentro de Estados Unidos, debería aumentar un tanto, por lo menos a mediano plazo, pero nunca lo suficiente como para cubrir toda la demanda interna, que tendría que seguir siendo complementada con importaciones.
A todo ello se pueden agregar consideraciones en el ámbito de la seguridad nacional y de la geopolítica, en la medida que el cobre aparece como un metal llamado a jugar un rol de alta importancia en la producción de automóviles eléctricos y en el campo general de la conectividad. Ello puede aumentar la posibilidad de que Estados Unidos decida proteger e incrementar la producción interna de cobre.
Si se tomaran en Estados Unidos las eventuales medidas de incremento de los aranceles al cobre eso haría que, a mediano plazo, aumente la producción interna y que parte de la producción que hoy en día fluye hacia dicho país, incluida la producción chilena, tenga que buscar otros países compradores y enfrentar una posible baja del precio.
Si a mediano plazo la demanda mundial crece por las razones ya mencionadas -la electro movilidad fundamentalmente- ese cobre que no entra a Estados Unidos seguramente encontrará algún otro mercado internacional que lo acoja. Si no, se producirá una cierta saturación del mercado, que haría bajar el precio en el mercado mundial, lo cual sería muy bueno para los otros países compradores, incluida China, que vería asegurado su abastecimiento de cobre e incluso a un precio más barato que el actual.
Además, los países que no coloquen un arancel al cobre –incluida China– gozarían de un insumo más barato para todos sus usos futuros, lo cual llevaría a que los productos aguas abajo, provenientes de esos países, podrían concurrir al mercado internacional con precios más bajos y más competitivos.
Si el objetivo estratégico de Estados Unidos es competir exitosamente con China, las medidas comentadas conducirían claramente al efecto contrario. Estados Unidos estaría interesado, en última instancia en que un país con Chile le venda cada vez menos cobre a China, y no cantidades crecientes, y eso no se consigue por la vía del incremento de los aranceles.
En síntesis, creo que Estados Unidos se abstendrá de incrementar los actuales aranceles al cobre importado. Es dable pensar que la vigencia del TLC con Chile es la última de las razones que lleven a detener esa eventual alza arancelaria. Y si se llegase a tomar una medida de esa naturaleza, las consecuencias para un país como el nuestro, que es el principal productor mundial de cobre, no parecerían ser, a mediano plazo, muy graves ni muy duraderas.
En el corto plazo una medida como esa puede generar ruido y preocupaciones, pero no amenazas estratégicas. Eso es lo que, a mi juicio, se desprende de la lógica y de la razón económica y política. Pero en tiempos en que la sin razón anda suelta, las cosas pueden resultar cada vez más impredecibles.