- ¿Cuál es la importancia de abordar las vejeces femeninas rurales?
La importancia parte de reconocer que el relato sobre la vejez se ha construido, sobre todo, a partir de voces masculinas y urbanas. Las imágenes que tenemos sobre vejeces rurales suelen ser idealizadas, estereotipadas, o bien orientadas solamente a una dimensión del pasado, de carácter patrimonial, dejando invisibles aquellas vidas cotidianas, actuales, contemporáneas.
La vejez es una etapa cada vez más larga y por lo mismo se ha ido diversificando cada vez más, lo que vuelve muy necesario romper con estereotipos que estigmatizan y homogeneizan a las personas mayores. Para ello, es fundamental poner sobre la mesa nuevos discursos y experiencias, mostrar y hacer visible esa diversidad desde los distintos territorios.
Si hablamos de mujeres mayores rurales, esta necesidad se vuelve aún más evidente, pues si bien la vejez es una realidad predominantemente femenina, el reconocimiento y valoración de la mujer mayor en la sociedad es aún un tema muy incipiente en el discurso no académico.
En el trabajo con las "testigas", fueron ellas quienes narraron su historia y la de sus localidades, en un proceso también de reconocer sus propios relatos invisibilizados. En el proceso aparecieron, por ejemplo, experiencias de violencia silenciadas, historias de niñas alerceras de las que poco se ha hablado, figuras actuales de mujeres mayores como sostenedoras de la economía familiar y comunitaria y más.
Creemos que, cuando se pone atención a esas partes de la historia que no han sido expresadas, es importante que aparezcan esas voces, así como también sus imágenes desde lo que son y viven hoy en día.
- ¿Por qué trabajar con ellas en específico?
Nosotras no conocíamos a las mujeres con las que trabajamos, fuimos llegando a ellas a través de los contactos que teníamos en las distintas localidades. En ese proceso, se fue construyendo un grupo y un vínculo importante con mujeres que, si bien compartían el ser mayores y habitar estos territorios australes-rurales, representaban una gran diversidad de edades (entre 60 y 90 y tantos años), quehaceres, condiciones de movilidad y salud y trayectorias migratorias.
Hay quienes nacieron en la ciudad y migraron a vivir aquí, o quienes, al revés, partieron de aquí a trabajar a la ciudad y volvieron, etc. Eso también va desdibujando los límites de qué entendemos por "rural", y des-idealizando imágenes. De hecho, a lo largo de los relatos se puede ir viendo cómo el ser mujeres, mayores y rurales, corresponde a categorías enormemente móviles, llenas de subjetividad, y alejadas de una serie de imágenes estereotipadas.