Cuando uno habla con los más diversos entrenadores de fútbol amateur en Chile, es común escuchar, al menos, dos afirmaciones con respecto al trabajo. Primero: “estar aquí permite que los niños se alejen de las drogas y de la violencia que azota a Chile”. Segundo: “la idea es que ellos se formen como jugadores y como personas”. Después de varios años observando este contexto del fútbol amateur, puedo decir que no se vivencian en la práctica las afirmaciones que los entrenadores-profesores relatan. Cuando en el título de este escrito digo que el fútbol amateur está a la deriva, quiero decir que no existe proyecto valórico y futbolístico para el mismo.
Y no me refiero a algún documento que explicite dichas dimensiones, sino que pongo el énfasis en lo que uno puede vivenciar en la cotidianidad del fútbol amateur. Para graficar lo que quiero exponer, pondré como ejemplo el actual campeonato regional de la Región de Valparaíso.
Uno supondría que ir a ver a jóvenes de 15 años jugar al fútbol es sinónimo de observar cómo esos niños son capaces de poner sobre la cancha los elementos básicos del fútbol. Ver generación de espacios, optar siempre por hacer lo más fácil, jugar a lo ancho y largo, dominar la idea de bloque, manejar la idea de cambio de juego, entregar y correr a un espacio, saber ubicarse, cooperar con los compañeros, abrir la cancha, dominio de la pared, jugar sin balón ocupando espacios, entre otros principios básicos.
Qué decir de la existencia de permutas, coberturas, cambios de orientación, desdoblamientos, etcétera... Y no me refiero a estos elementos porque sean los que le podrían permitir a esos niños llegar a ser jugadores profesionales, pues no creo que ese sea el objetivo del fútbol amateur, sino porque son los elementos formativos por excelencia, los que les van a permitir comprender un juego determinado y, finalmente, traspasar dichos elementos comprensivos a la vida misma.
Por el contrario, lo que uno encuentra y ha encontrado en el campeonato regional de fútbol amateur Sub-15 son equipos en los que el pelotazo sin sentido ni dirección sólo espera encontrar a alguien que sea muy destacado técnicamente y pueda hacer un gol que le dé la victoria a su equipo.
Esta lógica provoca que ver fútbol amateur Sub-15 en Chile sea muy aburrido. Es difícil encontrar un sentido de equipo, una lógica de juego, una intencionalidad táctica desde la que ofrecer un mejor espectáculo que el equipo contrario.
Así, jugadores técnicamente destacados, quieren solucionar los problemas solos, sin una dinámica grupal. Y muchos jóvenes creen que destacando por sí solos podrán ir a un equipo “grande”, pues habrá ojeadores que los están observando desde las gradas.
Todo un equipo y todo un trabajo colaborativo queda en manos de ciertos chicos que son los que deben destacar. Es desde aquí que podemos afirmar que dicho fútbol amateur no posee un proyecto futbolístico.
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