martes 13 de octubre de 2026
Opinión

Yo elijo mi PC: un recorte que deja la inteligencia artificial sin escuela

La discusión debería escuchar a especialistas que vayan más allá de la relación entre el notebook y los puntajes, y preguntarse qué capacidades quedan al alcance de los estudiantes de escuelas públicas cuando se les retira la posibilidad de aprender.

13 de octubre de 2026 - 13:45

El proyecto de Presupuesto 2027 elimina el financiamiento de Yo elijo mi PC, el programa de Junaeb que desde 2009 entrega un notebook a estudiantes de séptimo básico de escuelas públicas y a alumnos focalizados de colegios subvencionados. En 2026 llegó a más de 96 mil escolares con 35 mil millones de pesos. La decisión salió de una revisión de 632 programas en 23 ministerios y la han cuestionado la oposición y parlamentarios oficialistas.

El Gobierno la fundamenta en la evaluación del programa. El subsecretario del Interior, Máximo Pávez, afirmó que Becas TIC no muestra un efecto relevante en el aprendizaje y recordó que la Contraloría identificó cerca de 9.000 equipos no entregados desde 2015. En eso la evidencia lo acompaña.

Perú inició en 2009, el mismo año que Chile, la entrega de equipos de One Laptop per Child, y una evaluación aleatorizada que siguió a estudiantes rurales hasta 2019 no detectó efectos en el rendimiento académico y sí efectos negativos en la finalización oportuna de la escolaridad. Hubo avances en habilidades computacionales, no en las cognitivas, y los autores lo atribuyen a la falta de acompañamiento pedagógico.

En Tamil Nadu, India, se distribuyeron más de cinco millones de portátiles desde 2011 con otro resultado: el acceso al computador mejoró la competencia matemática básica, sobre todo en hogares de menores ingresos, y redujo brechas económicas y de género. El tipo de uso importa y se puede enseñar. Un programa de alfabetización digital en secundaria produjo mejoras significativas respecto de los grupos de control.

La evaluación del programa no considera la inteligencia artificial, y con ella el modo de uso pasa a ser decisivo. Usarla de forma crítica implica contrastar lo que entrega con otras fuentes y aplicar el juicio propio, porque estas herramientas se equivocan. Lo contrario también está medido: en un estudio con 666 participantes, la frecuencia de uso de IA se asoció con menor pensamiento crítico a través de la descarga cognitiva, la delegación en la máquina del esfuerzo de pensar. Los más jóvenes mostraron mayor dependencia, y un mayor nivel educativo se asoció con mejor pensamiento crítico. Los beneficiarios de Yo elijo mi PC son adolescentes, muchos de hogares de escasos recursos, y es en la escuela donde pueden aprender a no delegar.

Ese estudio mide cuánto se usa la IA y no cómo. Vygotsky mostró que las herramientas culturales median la actividad psicológica y que en esa mediación se forman las funciones superiores. La IA es una de esas herramientas, y una interacción exigente con ella puede desarrollar habilidades de nivel superior. Estos adolescentes seguirán usando la IA aunque pierdan el computador, porque la tienen en el teléfono. Pierden la posibilidad de que ese uso pase por la escuela, donde puede volverse exigente.

Un estudio en comunidades rurales chilenas encontró que quienes combinan computador y celular hacen usos más diversos de internet, y que quienes dependen solo del teléfono tienen menor escolaridad e ingresos. El computador que llega por la escuela recibe orientación docente; el teléfono, en general, ninguna.

Si el hogar no puede proveer el computador, tiene que hacerlo la escuela. Las dos exbeneficiarias del reportaje de El País sobre el recorte, una abogada del Biobío y una profesora de Pedro Aguirre Cerda, cuentan que ese notebook fue el computador de la casa y lo usaron también sus hermanos y, en un caso, sus padres.

En Santiago, las comunas de mayores ingresos concentran más antenas de telefonía móvil y mejor conectividad que las de menores ingresos. Con datos de pruebas estandarizadas nacionales, el equipo de Magdalena Claro comprobó que el nivel socioeconómico y cultural pesa en las habilidades digitales tanto como en matemáticas, y que la escolaridad de los padres es el factor de mayor incidencia. Donde ambos factores juegan en contra, el uso de la IA difícilmente contará con mediación de capital cultural ni de conocimiento pedagógico.

Una revisión de 77 investigaciones recomienda combinar la entrega de tecnología con formación y apoyo a docentes, estudiantes y familias. La pandemia mostró que el acceso desigual a medios digitales profundiza las desigualdades y que la política pública puede acortar esa distancia. Yo elijo mi PC es una de esas políticas.

El Congreso tiene hasta el 30 de noviembre para despachar el Presupuesto. La discusión debería escuchar a especialistas que vayan más allá de la relación entre el notebook y los puntajes, y preguntarse qué capacidades quedan al alcance de los estudiantes de escuelas públicas cuando se les retira la posibilidad de aprender, con guía, a usar una inteligencia que también puede usarlos a ellos. Sin esa reflexión, el país tendrá usuarios críticos de la IA en unos sectores y usuarios dependientes en otros, y esa diferencia seguirá el trazado del origen social.

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