Hay documentos que aparecen en momentos incómodos. El 25 de mayo de 2026, el papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, su primera encíclica, dedicada a la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. No es un texto técnico ni una condena a la tecnología: es una actualización de la doctrina social de la Iglesia para un capitalismo transformado por algoritmos, automatización y concentración económica. Leída desde Chile, durante los primeros meses del gobierno de Kast, funciona más como un diagnóstico político que como un ejercicio teológico.
Magnifica Humanitas, el trabajo humano y el modelo chileno bajo Kast
¿Quién garantizará que la revolución tecnológica se transforme en desarrollo humano y no en una nueva forma de concentración y exclusión?
La encíclica se inserta en una tradición larga: desde Rerum Novarum hasta Laborem Exercens, pasando por Quadragesimo Anno y Laudato Si, la pregunta central ha sido siempre la misma: ¿puede la economía sacrificar al ser humano en nombre de la eficiencia? La respuesta vuelve a ser negativa, aunque ahora el escenario cambió: el trabajador industrial fue reemplazado por el trabajador algorítmico.
El documento sostiene que la automatización puede degradar empleos, aumentar la vigilancia, descalificar trabajadores y profundizar desigualdades. El problema ya no sería solamente el desempleo masivo, sino la aparición de economías duales: minorías altamente especializadas concentrando ingresos y mayorías enfrentando salarios decrecientes y precarización. La riqueza, advierte León XIV, se concentra cada vez más, y confiar exclusivamente en el mercado para corregirlo resulta insuficiente. La política debe intervenir orientando el desarrollo tecnológico hacia el bien común.
Las propuestas son concretas: protección laboral frente a la automatización, recualificación profesional, regulación algorítmica, transparencia, supervisión pública y métricas económicas que superen el simple crecimiento del PIB. El documento además advierte que la manipulación algorítmica amenaza no sólo al empleo, sino también a la democracia y a la verdad como bienes públicos.
Aunque seguramente Chile no estaba en la mente del Papa al momento de escribir la “carta pastoral”, la descripción del modelo económico cuestionado se parece notablemente al proyecto político que el gobierno de Kast comenzó a implementar: mayor flexibilidad laboral, debilitamiento de la negociación colectiva, reducción del rol estatal y confianza en que el mercado distribuirá eficientemente los beneficios del crecimiento. La encíclica cuestiona precisamente esa premisa. El mercado sin contrapesos, sostiene, no distribuye: concentra.
La combinación entre automatización acelerada y baja protección laboral adquiere especial relevancia en un país donde la cobertura de la negociación colectiva sigue siendo reducida y donde sectores como servicios, comercio y minería enfrentan crecientes riesgos de automatización. En ese contexto, prometer que el mercado recompensará individualmente la adaptación puede transformarse más en una ilusión que en una política pública.
La dimensión ambiental refuerza el argumento. El texto insiste en que no existe trabajo digno en territorios degradados y que el desarrollo tecnológico debe permanecer subordinado a la protección de la vida humana y de la Casa Común.
El núcleo más profundo del documento, sin embargo, no es económico, sino antropológico: el trabajo no es simplemente un costo productivo. El ser humano es origen, sujeto y destino del trabajo. Si esto es cierto, entonces tratar el empleo como una variable de ajuste constituye no sólo un error económico, sino también un error moral.
Chile enfrenta esta transición digital sin negociación sectorial robusta, sin sistemas suficientes de formación continua y sin una estrategia clara frente a la automatización. Por eso la pregunta que deja Magnifica Humanitas no es religiosa. Es política: ¿quién garantizará que la revolución tecnológica se transforme en desarrollo humano y no en una nueva forma de concentración y exclusión?
Hoy, la respuesta a esa inquietud sigue siendo incierta.