La administración Kast se inició con una vorágine comunicacional, dirigida a informar acerca de sus “medidas de emergencia”, en especial, los temas de seguridad e inmigración ilegal, y más recientemente la ley miscelánea pero -al parecer- se olvidaron del comercio internacional.
Los desafíos de nuestras relaciones económicas internacionales y el comercio agroalimentario
Deberíamos transparentar el proceso administrativo mediante el cual se decide qué agregadurías tendremos, su financiamiento y las nominaciones de los profesionales que las encabezarán.
Tenemos importantes desafíos y una crisis en ciernes en esta área de la economía, lo que deberíamos enfrentar con urgencia, en especial, en materia de exportaciones agrícolas y de seguridad alimentaria.
Hasta el momento, solo hemos escuchado generalidades como “la necesidad de diversificar mercados”, muy posiblemente como resultado de la crisis que viven los productores y exportadores de cerezas, con seguros impagos y empresas amenazadas por posibles quiebras. Cabe recordar que, en los últimos años, las cerezas han sido nuestro producto estrella, y las exportamos casi en su totalidad a China.
En la Cumbre de CELAC, el Canciller deslizó también, elementos generales de una propuesta de política exterior y relaciones económicas internacionales, mencionando la necesidad de promover la “mayor integración económica” y destacando “…la necesidad de pasar de economías basadas en materias primas a economías que generen valor” (22 de marzo, Prensa, MINREL).
No obstante, a dos meses de este Gobierno y a pesar de los desafíosnque enfrentamos, estas declaraciones no parecen traducirse en medidas y propuestas concretas. En todo caso, la substancia de este mensaje es interesante, pero aún está pendiente ver cómo se llevará a cabo.
Las palabras del Canciller calzan de manera impecable -por buenas y malas razones- con los temas del comercio agrícola y alimentario. Lo positivo corresponde a la ya avanzada integración de los sistemas agroalimentarios de nuestra región, proceso que podríamos y deberíamos promover con el fin de impulsar la exportación de productos agroalimentarios procesados y de mayor valor agregado y -al mismo tiempo-, profundizar la seguridad alimentaria y avanzar en el proceso de integración económica.
Los mayores desafíos se producen por el cuasi abandono en que hemos dejado nuestras relaciones con los sistemas agroalimentarios de América Latina -y más en general, en el Hemisferio Occidental- privilegiando las relaciones con países de Asia que, como veremos, no rinden.
Nuestro comercio depende de la exportación de un puñado de productos agroalimentarios y mineros -cerca del 85% del total- mayoritariamente sin procesar y de muy bajo valor agregado. Más importante aún, nuestros principales mercados (China y EE.UU.) que participan con el 50% de las exportaciones, hoy se enfrentan por el acceso y el control de estos recursos a nivel global.
Aun así, y a pesar del ya olvidado fiasco del cable submarino a Hong-Kong, la participación en la cumbre del “Escudo de las Americas” (aún no conocemos a qué nos hemos comprometido), y con un 40% de las exportaciones centradas en China, todavía no vemos en los temas de relaciones económicas y de comercio, la misma voluntad, energía y sentido de urgencia aplicados a las medidas de la ley miscelánea.
Quedo con la clara impresión de que las prioridades de las relaciones económicas internacionales y del comercio, seguirán siendo establecidas y gerenciadas principalmente por el mercado y sus agentes económicos. No obstante, para el sector agroalimentario esto no ha sido efectivo y estamos al debe en políticas comerciales de Estado.
Nos equivocamos cuando permitimos que el foco de nuestro comercio agroalimentario fuera Asia, pues hemos encabezado y subsidiado el desarrollo de relaciones comerciales erróneas y ahora nos enfrentamos a los grandes “desafíos” que se han generado.
Si, es cierto, en Asia hay grandes mercados, pero varios de ellos no rinden. Por más de dos décadas, sucesivas administraciones han gastado una fortuna en promocionar nuestros productos agroalimentarios en esa región, pero países como India, Indonesia y más recientemente Vietnam, los que reúnen a más de 1.800 millones de habitantes, juntos nos compran productos agrícolas por un valor menor (unos $380 millones de dólares anuales) que lo importado por países europeos como España, Gran Bretaña y Países Bajos; o por Canadá y varios de Latinoamérica (Brasil, México, Colombia y Perú, por ejemplo).
Creo que debemos enmendar el rumbo, pues nos equivocamos.
Además, a propósito de las “emergencias”, endeudamiento público, y “ajustes” propuestos, me parece que es necesario destacar que estamos malgastando escasos recursos en Asia pues -hasta el momento, al parecer- mantendremos las seis “Agregadurías Agrícolas” que tenemos en ese continente, tanto en los países ya mencionados, más Japón, Corea, y China.
Por el contrario, tenemos solo cuatro agregadurías en el resto del mundo y una oficina vacante en Rusia. Esta Administración, tan preocupada por el “uso adecuado” de los recursos públicos, debería explicitar cómo espera resolver la poco efectiva política de apoyo que hemos aplicado a nuestro comercio agroalimentario en Asia.
La labor de las agregadurías es, entre otras, apoyar el desarrollo de las exportaciones agroalimentarias, pero claramente en Asia, esto no está dando los “frutos” esperados. Creo urgente resolver el impasse que tenemos en Asia.
Más importante, deberíamos transparentar el proceso administrativo mediante el cual se decide qué agregadurías tendremos, su financiamiento y las nominaciones de los profesionales que las encabezarán, proceso que hasta el momento se presta para el pituteo y el amiguismo. En la actualidad, y debido a la urgencia por el bajo “rinde” de las exportaciones en Asia -creo- solo se justifican las Oficinas que tenemos en Japón y Corea, y a medias, la de China.
Mientras avanzamos a un Servicio Público que pueda gerenciar de manera más adecuada nuestro comercio agroalimentario, sugiero que los recursos que hoy utilizamos en India, Indonesia y Vietnam, sean utilizados en Gran Bretaña (súper mercado, hoy fuera de la UE), y en la instalación de una segunda Agregaduría en la Unión Europea, y una posible “Representación Agrícola” en la Comunidad Andina o la ALADI, que permitiría -de paso- facilitar la integración ya muy avanzada en el sector y -al mismo tiempo- robustecer la seguridad alimentaria.
No sigamos malgastando recursos en Asia.