viernes 16 de octubre de 2026
Opinión

Kaiser y las dos mentiras sobre el cambio climático

No podemos controlar cuándo llueve, pero sí podemos prepararnos mejor para sus consecuencias y trabajar para evitar un futuro climático todavía más extremo.

16 de octubre de 2026 - 18:45

Las lluvias intensas, los granizos y los aluviones que hemos visto estos días en la zona central nos dejan una pregunta incómoda: ¿seguiremos reaccionando ante cada emergencia o comenzaremos a prepararnos para un clima cada vez más exigente? Es cierto que fenómenos como El Niño forman parte de la variabilidad natural del clima, pero también vivimos en un planeta más cálido, donde ciertos eventos extremos pueden intensificarse. Lo que estamos viviendo en Chile debe ser una señal de alerta, pero también una invitación a actuar.

Pese a la contundencia de la evidencia científica, todavía escuchamos declaraciones como las del exdiputado Johannes Kaiser, quien recientemente afirmó: “Los mismos giles que anunciaban sequía eterna por el cambio climático, ahora le echan la culpa del exceso de lluvia”. Su ironía, en línea negacionista, desconoce una distinción fundamental: una cosa es el tiempo meteorológico y otra, las tendencias climáticas que estamos experimentando debido al aumento de la temperatura que generan los gases de efecto invernadero.

En contraste, durante su visita a Chile, el exvicepresidente estadounidense y Premio Nobel de la Paz, Al Gore, planteó una reflexión especialmente relevante. Consultado sobre la principal mentira del cambio climático, respondió que no había una, sino dos.

  • La primera: creer que el calentamiento global es un fenómeno natural y no provocado por la acción humana.
  • La segunda: creer que no podemos hacer nada para enfrentarlo.

La primera, en la línea de Kaiser, desconoce décadas de evidencia científica. Si bien el clima siempre ha experimentado variaciones naturales, el calentamiento global actual tiene su principal origen en las actividades humanas, especialmente en las emisiones de gases de efecto invernadero. Sus consecuencias ya se manifiestan en distintas regiones del planeta, con olas de calor, sequías, incendios y alteraciones en los patrones de precipitaciones. Esto no significa que cada evento meteorológico extremo sea causado por el cambio climático, sino que sus efectos están modificando los riesgos que enfrentamos.

Pero quizás la segunda mentira sea igualmente peligrosa, porque nos conduce al fatalismo y la inacción. El cambio climático sí se puede enfrentar. Existen soluciones concretas y muchas de ellas ya están disponibles: reemplazar combustibles fósiles por energías renovables, electrificar el transporte, mejorar la eficiencia energética y avanzar hacia procesos industriales más limpios.

Chile tiene mucho que aportar en este desafío. Nuestro país cuenta con condiciones excepcionales para producir energía solar y eólica, desarrollar hidrógeno verde y sus derivados, como combustibles sintéticos y fertilizantes verdes. También podemos avanzar desde la economía circular, valorizando residuos, capturando biogás y reduciendo emisiones de metano. Son oportunidades para enfrentar la crisis climática y, al mismo tiempo, generar nuevas industrias, innovación y empleo.

Sin embargo, la acción climática no se limita a reducir emisiones. También debemos prepararnos para sus consecuencias. Las lluvias y aluviones recientes nos recuerdan la necesidad de fortalecer nuestra infraestructura, mejorar la planificación territorial y contar con sistemas de alerta temprana. No basta con reducir el calentamiento futuro; también debemos proteger a las personas frente a los riesgos que ya enfrentamos.

Nada de esto ocurrirá por inercia. Se requiere inversión, innovación, colaboración público-privada y, sobre todo, decisión política. Como suele repetir el propio Al Gore, “la voluntad política también es un recurso renovable ”.

Las nuevas generaciones merecen esperanza. No una esperanza vacía, sino aquella que nace de las soluciones que ya conocemos y de nuestra capacidad para llevarlas adelante.

Frente a las dos mentiras que advierte Al Gore y a declaraciones como las de Kaiser, que siembran dudas sobre la evidencia científica, debemos responder con conocimiento, responsabilidad y acción. La crisis climática tiene causas humanas, pero también tiene soluciones humanas.

No podemos controlar cuándo llueve, pero sí podemos prepararnos mejor para sus consecuencias y trabajar para evitar un futuro climático todavía más extremo. Que las próximas tormentas nos encuentren mejor preparados y, sobre todo, con la esperanza y la voluntad de construir un futuro mejor.

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