Hace unos días, mientras el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tenían sus Reuniones de Primavera en Washington D.C., activistas de la coalición Stop Financing Factory Farming (S3F) salimos a las calles de 26 ciudades del mundo, entre ellas Santiago. La exigencia de nuestra acción fue clara: queremos saber qué futuro se está financiando.
Industria y ganadería: ¿Qué futuro estamos financiando?
La agroecología, los sistemas alimentarios locales y las prácticas ganaderas extensivas son soluciones viables que, sin embargo, reciben menos del 2% del financiamiento climático global.
La pregunta que hacemos es tan sencilla como urgente: ¿qué tipo de sistemas alimentarios están eligiendo financiar? ¿Sistemas industriales que concentran la producción, destruyen ecosistemas y condenan a millones de animales al sufrimiento? ¿O alternativas agroecológicas, locales y resilientes al clima?
Las cifras no dejan lugar a dudas. Entre 2023 y 2025, el Grupo Banco Mundial ha invertido aproximadamente 1.400 millones de dólares en producción ganadera industrial, mientras que su brazo privado, la Corporación Financiera Internacional (IFC), aprobó 38 inversiones por cerca de 2.000 millones de dólares entre 2020 y 2025. Paralelamente, el Banco Mundial anuncia la expansión de su cartera agroindustrial a 9.000 millones de dólares anuales hacia 2030, en lugar de redirigir esos recursos hacia sistemas alimentarios sostenibles.
Chile no es ajeno a esta contradicción. Somos uno de los principales productores avícolas y porcinos de Sudamérica, con más de 15 millones de gallinas en postura y una producción que supera los 358 millones de huevos mensuales, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). El financiamiento para este tipo de proyectos en el país es abrumadoramente privado (98,4%), de acuerdo al Factory Farming Finance Tracker que midió estas inversiones en el país entre 2023 y 2025.
El reciente sacrificio de más de 600 mil gallinas en El Monte por gripe aviar —y su correlato en el alza del precio de los huevos— no es un accidente, sino la consecuencia previsible del hacinamiento y las malas prácticas de la ganadería industrial.
Pero no todo está perdido. Existen alternativas reales. La agroecología, los sistemas alimentarios locales y las prácticas ganaderas extensivas son soluciones viables que, sin embargo, reciben menos del 2% del financiamiento climático global, según una investigación de S3F de 2024. Están ahí, esperando ser priorizadas.
Hacemos un llamado a los bancos multilaterales: el futuro no puede construirse sobre el sufrimiento animal, la deforestación y las crisis sanitarias. Redirijan sus inversiones. Financien sistemas que realmente alimenten al mundo, no que lo destruyan. Porque lo que está en juego es el bienestar de los animales, de las personas y el planeta.