viernes 16 de octubre de 2026
Opinión

Día del profesor en Chile: de la vocación a la depresión

El Día del profesor deja en evidencia una triste realidad; crisis vocacional y depresión en el ejercicio, un fierrito caliente que nadie desea tomar.

16 de octubre de 2026 - 11:45

Cada 16 de octubre se celebra en Chile el Día del Profesor, instancia histórica que conmemora la relevante labor de las y los docentes dentro y fuera de las aulas de colegios, institutos, liceos, y universidades.

Cabe señalar que en la actualidad el ejercicio docente parece tener enormes fisuras: faltas de respeto, frustración por disturbios dentro de las salas clases, discreto nivel académico de los estudiantes, mediocridad intelectual en alumnos que pretenden ir a la universidad, ausencia de disciplina y desprolijidad curricular, son solo algunas de las agravantes que enfrenta un docente en el aula educativo.

Entonces, en esta nueva conmemoración del Día del Profesor resulta interesante explorar cómo hemos llegado hasta aquí y los desafíos que alberga una de las profesiones más depresivas en términos de integridad emocional, exigencias educativas y contextos formativos.

En primer lugar, el Día del Profesor hoy tiene una fecha clara, pero no siempre ha sido igual. A través de la historia de nuestro país, el evento ha cambiado al menos dos veces hasta quedar en la que actualmente conocemos. Todo se remonta al 11 de septiembre de 1943, cuando el presidente de la época, Juan Antonio Ríos, firmó el decreto que autorizaba la creación del “Día del Maestro”. La fecha fue instaurada en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, un profesor argentino que fue un pionero en la educación de nuestro país. Sarmiento fundó la primera institución educativa de América Latina para formar profesores, la Escuela Normal de Maestros de Chile.

Sin embargo, todo ello cambiaría cuarenta años después. En 1974, la Junta Militar decidió fijar el 10 de diciembre como la nueva fecha del Día del Maestro, coincidiendo con el día en que se otorgó el Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, en 1945. Además, se escogió de esa manera para no coincidir con el aniversario del golpe de Estado.

Pese a ello, volvieron a cambiarla tres años después por el 16 de octubre, que se utiliza hasta la actualidad. ¿La razón? El 10 de diciembre no era adecuado para la celebración del Día del Profesor, pues los alumnos se suelen encontrar en actividades propias del cierre del año escolar. De esta forma, en 1977 se publicó el Decreto de Ley 1.938 que estableció el 16 de octubre para el “Día del Profesor”, coincidiendo con la fecha en que se fundó el Colegio de Profesores de Chile.

Aunque en Chile la fecha de celebración está claramente establecida, esta varía en diferentes partes del mundo. La UNESCO instauró el 5 de octubre como el Día Mundial de los Docentes en 1994, con motivo del aniversario de la suscripción de la Recomendación de la OIT y la UNESCO relativa a la Situación del Personal Docente (1966).

He de señalar que, actualmente, la educación no tiene una prioridad desde las instituciones políticas ni una valoración conforme a su importancia social. Muchos resultados muestran que la calidad de la enseñanza en Chile es deficitaria. Adicionalmente, el mundo ha cambiado, lo que obliga a una adaptación de parte de los colegios y los profesores, para entender y utilizar de manera positiva tanto la inteligencia artificial como otras herramientas antes inexistentes.

A todo ello se pueden sumar problemas de recursos, gestión, relaciones humanas y otros tantos asuntos que hacen más difícil y compleja la tarea de la enseñanza. Ser profesor es una vocación, no solo una actividad profesional.

La enseñanza no es solo transmisión de conocimientos. Es una práctica profundamente relacional que se sostiene en vínculos, confianza y estabilidad emocional. Humberto Maturana lo expresó con claridad al señalar que toda acción humana y, por tanto, todo aprendizaje ocurre en el espacio emocional que la hace posible.

Cuando los docentes ejercen su labor en contextos de incertidumbre laboral permanente, ese espacio se ve tensionado; dicho sea de paso, una realidad que muchos docentes viven en Chile producto del mal trato de sus estudiantes, falta de disciplina académica, débiles reglamentos internos al interior de colegios, miedo a la violencia por parte de los estudiantes universitarios, un sistema de admisión escolar que hace viva la expresión popular “lo que tiró la marea”, amenazas de apoderados y la disminución de la exigencia curricular en alumnos universitarios que desean ser tratados como “consumidores” relegando su responsabilidad estudiantil.

Sin duda, estos son solo algunos de los dolores de parto que vive un segmento no menor de profesores en Chile. Claro, un muerto que todos ven pasar comiendo cabritas sin hacer nada; una realidad que se vuelve ensamble de la depresión. Triste y lamentable.

Además, la UNESCO (2023) advierte que América Latina enfrenta una escasez creciente de docentes calificados. En Chile, el Consejo de Rectores y Rectoras de Universidades Chilenas, CRUCH, proyecta un déficit superior a 33 mil profesores para 2030. Las señales son claras: entre 2018 y 2022, la matrícula de primer año en pedagogía cayó un 43,3%, y en regiones como Aysén o Arica-Parinacota, la baja supera el 56% (CEM, 2024). Las causas son muchas, ya hemos enunciado varias al respecto. Por otro lado, según la OCDE (2023), los sueldos docentes en Chile están por debajo del promedio de otras profesiones universitarias. A cinco años del egreso, un profesor gana un 46% menos que sus pares (Mi Futuro, MINEDUC).

El desgaste emocional también es crítico. Entre un 50% y 85% del profesorado reporta altos niveles de estrés. Las licencias por causas psicosomáticas ya superan a las disfonías (Informe Ergonómico, 2023). En Educación Parvularia, un 36,6% de las educadoras presenta síntomas de agotamiento emocional (MINEDUC, 2024).

A ello se suma la falta de preparación frente a la diversidad: el 84% de los docentes no se siente capacitado para atender a estudiantes con necesidades diversas, y el 93% exige mayor formación especializada (Sagredo-Lillo et al., 2024). La docencia sigue tratándose como vocación, no como una profesión estratégica. Dignificar la carrera docente es una responsabilidad país. Por tanto, resulta interesante realizarnos algunas preguntas a modo de conciencia política, social y educativa.

¿Es Chile un país que desvaloriza la función docente en gran parte de sus colegios? ¿Realmente el Día del Profesor versa sobre la base del reconocimiento genuino, o bien, es parte del rito curricular que instala una pausa en el calendario haciendo vista gorda de los padecimientos que viven los docentes en nuestro país? ¿Cómo suturar las heridas y síntomas de depresión y frustración en profesores que albergan miedo producto de la exigencia académica hacia sus estudiantes y la violencia de estos últimos en muchos pasajes?

¿Cómo el Estado se hace cargo de esta realidad? ¿Tiene valor la llamada Evaluación Docente, si por definición, y según las cifras acuñadas, las pedagogías son cada vez menos estudiadas en Chile? ¿Tendrá que ver con factores de riesgo en la práctica pedagógica posterior a egresar de la universidad? ¿De qué manera el aclamado Decreto 67 opaca irónicamente la exigencia curricular impartida por los docentes en Chile, considerando que el propio Ministerio de Educación propicia la Evaluación Docente, pero debilita la exigencia en el alumnado con este “precioso” Decreto 67?

A los profesores ya no solo se les evalúa por la transmisión de conocimientos o notas, sino que se les exige integrar herramientas psicosociales (psicología, paternidad, entretenimiento, etc.) para justificar la aprobación de sus estudiantes, apoderados, equipos de gestión, sostenedores y Estado propiamente tal, una triste realidad que debiese ser discutida en el parlamento. Por ahora, el Día del profesor deja en evidencia una triste realidad; crisis vocacional y depresión en el ejercicio, un fierrito caliente que nadie desea tomar.

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