El desarrollo y la continuidad de la industria extractiva en el país no solo conllevan el compromiso de optimizar los volúmenes productivos, sino que también imponen la urgencia de fortalecer la administración de los relaves una vez concluidas las faenas.
En este escenario, la estabilidad estructural, la protección de los ecosistemas y la resiliencia operativa han adquirido un rol prioritario.
El reto de los relaves
Las cifras más recientes de la Agenda de Relaves 2025-2026 de la cartera de Minería, construidas sobre la base del registro oficial del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), exponen la magnitud del fenómeno: en el territorio nacional existen 795 faenas de este tipo.
De dicho total, apenas 128 permanecen activas, 12 están en proceso constructivo y una se encuentra bajo análisis técnico. Las 654 restantes —que equivalen a más del 82% del inventario estatal— corresponden a infraestructuras paralizadas o desamparadas.
Respecto a este panorama, Claudio Román, Principal Geotechnical Engineer de Ausenco y expositor de la sesión plenaria del próximo congreso Tailings 2026, organizado por Gecamin, explica que la inactividad no siempre significa abandono o falta de control.
"En algunos casos, estos depósitos podrían contener leyes remanentes de minerales de interés económico que, dependiendo de las condiciones técnicas, ambientales y financieras, podrían representar oportunidades de reprocesamiento y recuperación de valor”, sostiene.
Una mirada sistémica al ciclo de vida minero
Esta realidad demuestra que las labores de supervisión, mitigación de riesgos y cierre definitivo deben concebirse mucho antes del cese de las actividades de extracción.
Para el sector, el diagnóstico abre una ventana estratégica para adoptar un enfoque de ciclo de vida integral, evaluando soluciones que van desde la valorización de residuos y el reprocesamiento hasta opciones de remediación, traslado o disposición final ajustadas a la factibilidad de cada territorio.
Román recalca que no existen formulas únicas para abordar estos pasivos, ya que las alternativas dependen directamente de las propiedades químicas y geotécnicas del material, así como del perfil de riesgo de cada depósito:
“La gestión integrada de la seguridad, la operación y el desempeño ambiental constituye un elemento fundamental para una adecuada gestión de riesgos durante todo el ciclo de vida de las instalaciones. En ese contexto, los residuos mineros pasan a formar parte de las decisiones estratégicas que sustentan la continuidad operacional, la protección ambiental, la reputación y la sostenibilidad de largo plazo”.
Monitoreo constante e información para la toma de decisiones
La disponibilidad de datos técnicos precisos y verificados es clave para tomar determinaciones sobre infraestructuras que perduran durante décadas.
En esa línea, los sistemas de monitoreo en tiempo real y la supervisión de controles críticos resultan imprescindibles para anticipar eventuales fallas de estabilidad y ejecutar medidas preventivas oportunas.
En palabras del especialista de Ausenco, la minería actual debe asumir que la responsabilidad con el entorno va más allá del periodo operacional:
“La mirada de largo plazo se ha consolidado como un componente central de la planificación minera, con decisiones que deben considerar desde el diseño y concepción de una instalación hasta su comportamiento durante las etapas posteriores al cierre”.