martes 13 de octubre de 2026
Sostenibilidad

Como una esponja de cocina, pero para gases: la tecnología que absorbe CO2 y combate la contaminación industrial

Estas estructuras moleculares atrapan y liberan gases con alta eficiencia, abriendo nuevas vías para frenar la contaminación y gestionar recursos.

13 de octubre de 2026 - 17:45

Diseñadas para capturar, almacenar y liberar gases con alta eficiencia, las esponjas moleculares emergen como un avance decisivo para mitigar la contaminación y optimizar la gestión de recursos. Estos materiales flexibles reestructuran el aprovechamiento energético y prometen transformar los procesos de descarbonización a escala industrial.

Uno de los aportes más relevantes de estas redes metalorgánicas, que combinan iones metálicos con moléculas orgánicas, es su capacidad para capturar dióxido de carbono, un gas que contribuye al calentamiento global.

Si los sistemas logran operar con bajo consumo energético y a costos competitivos, podrían complementar las estrategias destinadas a reducir las emisiones industriales.

Esponjas moleculares, contaminación y descarbonización

Las esponjas moleculares destacan por su inmensa capacidad de almacenamiento en espacios reducidos gracias a su arquitectura hiperporosa.

Esta característica permite retener grandes volúmenes de gas a menor presión en contenedores sustancialmente más ligeros y pequeños que los convencionales.

Su estructura química flexible permite diseñar poros a la medida para atraer y capturar de forma selectiva moléculas específicas.

Gracias a esta alta precisión, resultan sumamente eficientes para aislar componentes como el dióxido de carbono o el hidrógeno de otras mezclas gaseosas, reduciendo el consumo energético durante la producción industrial.

Este proceso, clave en refinerías y petroquímicas, suele requerir temperaturas extremas, pero estas estructuras permiten realizarlo en frío mediante filtrado selectivo.

A diferencia de los filtros tradicionales, estas redes también permiten atrapar y liberar sustancias mediante procesos reversibles de bajo consumo energético.

En la descarbonización de la manufactura, estos materiales se instalan en las chimeneas de cementeras o siderúrgicas para atrapar dióxido de carbono directamente. Su alta especificidad evita la fuga de gases contaminantes al ambiente sin alterar significativamente los costos operativos de las plantas.

Esta facultad facilita la reutilización continua de los materiales sin degradar rápidamente sus propiedades ni generar grandes volúmenes de residuos.

Para la logística de combustibles limpios, como el hidrógeno o el gas natural, facilitan un almacenamiento más seguro a presiones reducidas. Esto permite empaquetar grandes volúmenes en contenedores compactos, recortando costos de transporte y disminuyendo los riesgos de manipulación industrial.

Finalmente, su aplicación como filtros avanzados optimiza el saneamiento de efluentes gaseosos al remover sustancias tóxicas antes de su vertido.

De este modo, la tecnología ayuda a las empresas a cumplir con normativas ambientales estrictas y a transitar hacia un modelo operativo más sostenible.

A partir de esta facultad, el químico japonés Susumu Kitagawa, ganador del Premio Nobel de Química 2025, expuso en el marco del encuentro científico BergamoScienza el alcance disruptivo de esta tecnología frente a la extracción intensiva de recursos y la dependencia a los combustibles fósiles.

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