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Sapito vaquero: El hermano nortino de la ranita de Darwin que no se ve desde 1981 y se cree extinto

Mientras aumenta la esperanza y esfuerzos por la supervivencia de la ranita de Darwin en el sur de Chile, la ciencia sigue buscando rastros del sapito vaquero; una variación de la misma ranita pero que habitaba en más al norte de Chile, y cuyo último avistamiento fue en 1981.
Por María del Mar Parra 14 de marzo de 2026 - 00:00

En los últimos años, ha capturado la atención del país el delicado estado de una especie de anfibio nativo de Chile que estuvo a punto de extinguirse por el brote de un hongo mortal que diezmó su población: la ranita de Darwin. Iniciativas científicas internacionales que lograron trasladar ranitas a Londres para su reproducción ex situ y el descubrimiento de nuevas poblaciones de la especie dan esperanzas para su supervivencia.

Pero pocas personas conocen que la ranita de Darwin tiene un hermano nortino: una variante de la especie, conocida como sapito vaquero, que habitaba los bosques nativos de la Cordillera de la Costa entre Zapallar y Concepción. El último registro que se tiene de este sapito en su hábtat natural es de 1981, por lo que la especie se cree extinta.

Sapito vaquero

El sapito vaquero fue descrito por primera vez en 1902 por el conocido naturalista alemán, Rodolfo Amando Phillipi, descubriendo que se trataba de una especie diferente pero hermana de la ranita de Darwin, pero con un distribución totalmente distinta.

Si la especie realmente está extinta, sería el primer animal vertebrado de Chile en extinguirse en tiempos modernos y su historia refleja una realidad compleja que viven las especies nativas en Chile central. Se trata de la zona del país más habitada e intervenida, donde los espacios naturales han sido contaminados y fragmentados, introduciendo además especies exóticas que dificultan la vida, reproducción y superviviencia de la fauna nativa.

El último registro del sapito vaquero fue en Arauco en 1981. Antes de eso, se trataba de una especie abundante en las zonas donde habitaba, que en las últimas décadas han visto la colonización del territorio por parte de plantaciones forestales exóticas de pino y eucalipto, así como por una creciente presión inmobiliaria extendiéndose a áreas naturales.

Según declara el académico de la Universidad Católica de Temuco, César Cuevas Palma, ante el medio Ladera Sur, aún no hay certeza de la extinción de la especie porque el criterio para declararla como tal es saber que el último individuo visto en la naturaleza se murió. En el caso del sapito vaquero, ese individuo no se volvió a encontrar ni tampoco se ha visto otro especímen.

Además, el científico declara que hay bosques en buen estado de conservación cerca de las zonas donde se registraba el sapito, que aún no han podido ser estudiados porque están dentro de propiedad privada por lo que no existe la autorización para ingresar y analizar.

Ranita de Darwin

Mientras se busca a su hermano perdido, la ranita de Darwin del sur da más esperanzas por su supervivencia pero aún está en un estado de amenaza. El hongo que enfermó y mató a una parte importante de la especie en el sur de la isla grande de Chiloé aún debe ser erradicado, mientras algunas ranitas fueron trasladadas a Londres para reproducirse en laboratorios, y poder repoblar su hábitat cuando este se recupere.

Además, durante febrero y marzo de 2026 se registraron tres nuevas poblaciones de la ranita: una en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, cerca del lago Llanquihue, otra en la Reserva Nacional Mocho Coshuenco en la región de Los Ríos, y una tercera en la reserva de ranitas Butamanga en el norte de la isla grande de Chiloé.

Esta última población encontrada encendió alarmas en la comunidad científica, ya que en el lugar está aprobada para construirse una carretera eléctrica con 251 torres de alta tensión, que atravesará el canal de Chacao.

El investigador y científico de la ONG Ranita de Darwin, Andrés Valenzuela, explica que la tala rasa para despejar la franja donde estará la línea de alta tensión fragmenta el bosque nativo, bloqueando el tránsito de las ranitas juveniles que se mueven poco y solo por el bosque nativo. Esto impide a su vez el intercambio genético entre poblaciones afectando su salud y dejándolas más vulnerables.

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