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Nara Duarte de Médicos Sin Fronteras: "Desde 2022, más de 2.800 centros de salud han sido dañados o destruidos en Ucrania"

En conversación con El Desconcierto, Nara Duarte, coordinadora médica adjunta de MSF en Ucrania, describe un sistema sanitario al límite: hospitales abandonados, infraestructura destruida y una demanda que no para de crecer.
Por Matías Rojas y Gino Stock 24 de febrero de 2026 - 00:00

Este 24 de febrero se cumplen cuatro años desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania. Lo que comenzó como una emergencia aguda se ha convertido en una crisis crónica: más de cuatro millones de personas siguen desplazadas internamente, más de 2.800 centros de salud han sido dañados o destruidos desde 2022, y el sistema sanitario opera bajo una presión que no cede. Cerca de la línea del frente, la atención médica continua es cada vez más difícil de garantizar.

En ese contexto, Médicos Sin Fronteras (MSF) mantiene presencia en zonas donde el Estado no puede llegar. Sus clínicas móviles más que duplicaron sus consultas en 2025 —de 4.327 a 9.500— y la organización ha tenido que abandonar siete hospitales y más de 40 ubicaciones por razones de seguridad. Desde el terreno, Nara Duarte describe en conversación con El Desconcierto una guerra que se profundiza y se normaliza a la vez.

Una guerra que se profundiza

— Cuatro años después de la invasión a gran escala, ¿cuál es la situación de la población civil según lo que equipos de MSF observan en terreno? ¿Estamos ante una crisis que se agudiza o ante la normalización de una emergencia permanente?

Cuatro años después de la invasión, nuestros equipos ven una guerra que se profundiza y se normaliza a la vez. Muchas personas han sufrido desplazamientos repetidos, pérdida de sus hogares, exposición a bombardeos e incertidumbre prolongada. Si bien algunas zonas se han adaptado a operar bajo una amenaza constante, las necesidades siguen siendo graves, especialmente cerca de la línea del frente y en las regiones que acogen a un gran número de desplazados internos.

MSF describe personas viviendo sin calefacción, agua ni electricidad con temperaturas de menos 20 grados Celsius. ¿Qué impacto ha tenido en la salud la destrucción de la infraestructura energética?

Los ataques a la infraestructura energética han tenido graves consecuencias para la salud. Los cortes prolongados de electricidad interrumpen los sistemas de calefacción, el suministro de agua y el funcionamiento de los centros de salud. Para las poblaciones más vulnerables —personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas— la exposición al frío extremo aumenta el riesgo de infecciones respiratorias, complicaciones cardiovasculares y el deterioro de afecciones preexistentes. Los centros de salud también enfrentan dificultades operativas y dependen de generadores y sistemas de respaldo para continuar prestando servicios esenciales. Por eso, artículos como generadores, mantas térmicas, kits de higiene y baterías siguen siendo de vital importancia.

— MSF ha tenido que abandonar siete hospitales y más de 40 ubicaciones de clínicas móviles. ¿Qué implicaciones tienen estas medidas para los civiles y cómo se toman estas decisiones?

Abandonar instalaciones médicas nunca es una decisión que se toma a la ligera. Estas decisiones se basan principalmente en evaluaciones de seguridad y en la capacidad de garantizar un acceso seguro para los pacientes y el personal. En algunos casos, los hospitales que apoyábamos han sido posteriormente confirmados como destruidos. Nuestros equipos se mantienen flexibles y, siempre que es posible, reabren los servicios cuando las condiciones lo permiten.

— Las clínicas móviles de MSF más que duplicaron sus consultas en 2025 en comparación con 2024, pasando de 4.327 a 9.500. ¿Por qué se produjo este aumento? ¿Cuál es el perfil de las personas que atienden en los refugios?

El aumento refleja tanto las crecientes necesidades como la reducción del acceso a la atención sanitaria en determinadas zonas, especialmente cerca de la línea del frente y en lugares remotos o recién afectados. A medida que la inseguridad se intensifica y los centros cierran o funcionan con personal reducido, la gente depende cada vez más de las clínicas móviles. En los refugios atendemos principalmente a personas mayores, personas con enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes, personas con movilidad reducida y quienes sufren angustia psicológica. Muchos han sido desplazados en múltiples ocasiones y tienen historiales de tratamiento interrumpidos.

Lo que no se informa y lo que falta

— ¿Qué papel debería desempeñar la comunidad internacional a la luz de lo que están presenciando en Ucrania?

En toda Ucrania, las necesidades médicas siguen siendo importantes y complejas. Existe una demanda creciente de rehabilitación temprana y aguda para las personas heridas en la guerra, incluidas aquellas con traumas graves y amputaciones. La fisioterapia oportuna y la rehabilitación multidisciplinaria son esenciales para prevenir la discapacidad a largo plazo y apoyar la recuperación. Las necesidades de salud mental también son considerables: años de exposición a la violencia, el desplazamiento y la incertidumbre siguen afectando el bienestar psicológico de las personas. Los hospitales cercanos a la línea del frente requieren un apoyo sostenido, especialmente ante la escasez de personal, los daños a la infraestructura y la inseguridad persistente.

Las evacuaciones médicas en ambulancia entre hospitales siguen siendo fundamentales para garantizar que los pacientes gravemente heridos o en estado crítico puedan acceder a atención especializada en lugares más seguros. Al mismo tiempo, el sistema del Ministerio de Salud de Ucrania sigue funcionando en circunstancias extremadamente difíciles, con trabajadores sanitarios que demuestran una dedicación extraordinaria. Una prioridad clave de cara al futuro es la restauración y reconstrucción de los centros de salud dañados, para que las comunidades puedan recuperar un acceso fiable a los servicios médicos esenciales.

— ¿Qué elementos cree que han faltado en la cobertura mediática de la situación en Ucrania? ¿Qué no está recibiendo la urgencia o atención suficiente?

La guerra en Ucrania está en curso desde 2014 y su impacto a largo plazo continúa marcando la vida de las personas. Hoy, más de cuatro millones de personas siguen desplazadas internamente y necesitan condiciones de vida estables, acceso regular a servicios médicos y tratamiento ininterrumpido para enfermedades crónicas. Desde 2022, más de 2.800 centros de salud han sido dañados o destruidos en Ucrania, lo que supone una presión adicional sobre el sistema sanitario. El acceso a la atención se ha deteriorado especialmente en las zonas cercanas a la línea del frente, donde la inseguridad, la escasez de personal y la infraestructura dañada dificultan cada vez más que las personas reciban apoyo médico continuado.

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