El desafío de definir el rock chileno
"Nosotros le dedicamos harto espacio en la introducción del libro a hablar de eso, la idea de conceptualizar para nosotros es algo que nos apasiona", explicó Godoy, sociólogo especializado en música popular, al abordar una de las decisiones más complejas del proyecto: delimitar qué es rock en el contexto chileno. "Ya cuando nosotros estábamos escribiendo, año 2016-2017, la etiqueta rock era una etiqueta que estaba puesta en entredicho. Entonces, ¿por qué hablar de rock en ese momento?", agregó.
La respuesta que encontraron consistió en establecer un "centro de gravedad" desde el cual identificar bandas indudablemente rockeras como Agua Turbia, Los Jaivas o Tumulto, para luego explorar las fronteras del género. "Teníamos que encontrar un centro de gravedad para poder hablar de la música chilena que nos interesaba. Hay bandas que de repente entran en el rock, salen, juegan también con esos estilos, con esos géneros", reconoció.
Rodríguez, profesor de historia y magíster en Historia de Chile Contemporánea, complementó esta idea señalando que "el rock como cualquier concepto cultural o estética es un fenómeno plástico, es un fenómeno que carga historicidad y también contextual". Así, lo que se entiende por rock en Los Ángeles en 1965 no es lo mismo que en Concepción en los 80 o en Santiago en 2012. "Nosotros hicimos el ejercicio de intentar buscar ese centro gravitacional, esa quinta esencia que cruza un poco todas estas estéticas del rock, pero que también es lo suficientemente plástica que permite que ese estilo se encuentre en alguna frontera con otro estilo", explicó.
Esta búsqueda de límites flexibles llevó a incluir discos como "Corazones" de Los Prisioneros (1990), "Muérdete la lengua" de Francisca Valenzuela o "Acuario" de Manuel García, decisiones que generaron debate pero que responden a una lectura más compleja de la música chilena.
Contra el clasismo de la crítica musical
"Es muy curioso porque efectivamente Corazones es un disco de pop, pero no es El hombre que yo amo de Piret Hernández, porque también es un disco de pop. El pop también es un estilo complejo", argumentó Rodríguez, quien añadió que "la crítica internacional, un disco como Violator de Depeche Mode, es un disco de rock, y nadie lo cuestiona. Pero acá Corazones está en una posición incómoda. ¿Por qué no está en una posición incómoda Violator? Parece que hay una narrativa que quiere sacar a Corazones del rock".
Esta reflexión abrió paso a una crítica más profunda sobre el carácter excluyente de la prensa musical chilena. "Me parece que el valor de Los Ángeles Negros es musical, es poético, es estético, es por su influencia. Pero también es un valor que podría no estar nada de eso y conectó con la gente, con sus canciones conectaron y eso ya es un valor en sí", afirmó Rodríguez.
"Esta cosa de también ya vamos a valorar a Los Ángeles Negros porque parece que sí son buenos, porque parece que también buscar una justificación para valorar, me parece que no es necesario buscar una justificación para valorar a grupos como Los Ángeles Negros, Los Golpes, Luis Alberto Martínez", continuó, criticando el carácter "excluyente y clasista que ha tenido gran parte de la prensa musical o la prensa de espectáculo cultural en Chile siempre".
Una generación que escribe desde el amor por la música
El libro se inscribe en una generación de autores que, según Rodríguez, escriben desde una posición diferente: "Somos gente que queremos esto, somos gente que nos gusta la música, primero que todo, sobre todo antes de investigadores, antes de críticos, somos gente que estamos muy orgullosos de la creación que se ha hecho en Chile, y nos sentimos muy conectados con esas canciones".
Esta postura les ha permitido investigar también "la historia de la prensa, la historia de la crítica y nos hemos dado cuenta de ese carácter muy excluyente. Le pasó a Los Prisioneros, le pasó a Tumulto, le pasó a Weichafe, le pasó al rock más callejero, le sigue pasando un poco. Bandas como Los Cruces son bandas que todavía no son consideradas importantes por cierta prensa que prefiere poner los ojos sobre esos nombres que el país de España dijo que está bien, pero el resto no, que está en ordinario", denunció.
En ese sentido, el libro plantea una narrativa donde conviven Los Jaivas y Weichafe, Francisca Valenzuela y Los Ángeles Negros, Los Bunkers y Pániko, "todos en el mismo nivel de importancia", subrayó Rodríguez.
Los años 60 y 70: De Los Ramblers a Alturas de Machu Picchu
Entre los 200 discos seleccionados, el libro destaca 25 con mayor extensión por su valor como puertas de entrada a cada década. Los años 60 quedan representados por el trabajo de Los Ramblers —quienes marcan el inicio de la historia con el Mundial de 1962—, el disco de Cecilia y los álbumes de Los Vidrios Quebrados y Los Mac. "Dos discos del 67 definidos como coléricos en esa época, que fueron muy relevantes en términos creativos, en un tiempo donde había mucho de versiones de canciones extranjeras. Estos discos son discos de música compuesta por ellos completamente", destacó Godoy.
Los 70 se abren con el Festival de Piedra Roja de 1969, donde tocaron Agua Turbia, Los Blobs y Los Jaivas. "Es un momento que habla mucho de este hipismo chileno", explicó Rodríguez. La década encuentra su cumbre en "Alturas de Machu Picchu" de Los Jaivas (1981), un disco que Rodríguez describió como "fundamental del cancionero latinoamericano, un disco que los coleccionistas desde afuera lo han mirado como una de las grandes obras del rock progresivo".
También rescataron el primer disco de Fuerzas Demotivas, "un disco en donde el rock se esconde y el mensaje político se esconde y tienen que encontrar cómo desarrollarse en un contexto opresivo, en un contexto de censura, en un contexto de autocensura", explicó Rodríguez, refiriéndose a la dictadura militar.
Los Ángeles Negros y la balada psicodélica
Los Ángeles Negros merecieron un apartado especial por su aporte a la música latinoamericana. "Rápidamente uno lo escucha y también está muy documentado esta construcción que hicieron Los Ángeles Negros de la balada psicodélica y que era muy importante para nosotros poder plasmarlo y darle un buen lugar en el libro, como un estilo que fue uno de los aportes más relevantes que yo creo que ha tenido Chile a nivel latinoamericano, en términos de un estilo propio", señaló Godoy.
El libro también incluye a Los Golpes y Los Cristales, este último "uno de los hallazgos que encontramos nosotros haciendo la investigación para escribir esto. Los Ángeles Negros estaban ahí y Los Golpes también estaban muy documentados, pero Los Cristales no estaban muy documentados y también son del área San Carlos, por ahí, donde había más bandas haciendo esto mismo", agregó.
Los 80: La Voz de los 80 y la contracultura
La década del 80 tiene su momento fundacional con "La Voz de los 80" de Los Prisioneros, un disco que marca una ruptura con lo anterior. "Es súper interesante escuchar la playlist que nosotros hicimos, porque estás escuchando los temas del 77, 81, aparecen los hi-hats, Banda Métrica, y de repente La Voz de los 80. Y es como otra cosa, se nota demasiado que ahí pasó algo muy importante", describió Godoy.
Pero los 80 también incluyen a Electrodomésticos, "un marciano que cayó de repente en Santiago", según Godoy. La banda liderada por Carlos Cabezas, nacido en Ovalle, representó "una ebullición creativa muy importante" vinculada a espacios como Matucana 19 y el Trollgate. "Es un accidente que un disco con un sello como EMI haya grabado un álbum como Viva Chile", comentó Rodríguez.
Los 90: Corazones, La Floripondio y la renovación
El cierre de los 80 y la apertura de los 90 quedan marcados por "Corazones" de Los Prisioneros (1990) y "Doble Opuesto" de La Ley. "Les queda muy bien este dicho: el rey ha muerto, viva el rey. Se acababan los 80, ya no se estaba escuchando música chilena, se le puso la lápida al pop chileno, pero así como muere, aparecen Corazones y aparece La Ley", explicó Rodríguez.
Sin embargo, reconocieron que Corazones "durante todos los 90 tuvo muy mala fama para ciertos sectores. Pese a lo popular y famoso y todo lo que vendió, dentro de los músicos no era un disco que suscitó mucho efecto". Tuvo que llegar una nueva generación, la de GP y Javiera Mena, "donde van a empezar a mirar el álbum Corazones como algo propio y como una influencia directa de ellos".
La Floripondio, banda fundada en 1991 en Villa Alemana por Aldo Asenjo ("El Macha"), representa la quinta región como "punta de lanza de vanguardia del rock chileno". "La Quinta Región es una punta de lanza de vanguardia del rock chileno. Desde Los Jaivas, el rock and roll entró por ahí, con William Reb. Tenemos a Chinoy, y tenemos a La Floripondio", señaló Rodríguez.
"La Floripondio se inscribe en una tradición de música inclasificable. A un extranjero, ¿cómo le explicamos a los Jaivas? ¿Cómo le explicamos a Redolés? ¿Cómo le explicamos a La Floripondio? Se inscribe en una tradición de grupos que las etiquetas les incomodan un montón", agregó.
Mauricio Redolés: Blues, punk y poesía
Mauricio Redolés aparece como "uno de los músicos de la mejor salud creativa de Chile", con "Bello Barrio" (1988) como retrato de su retorno del exilio. "Redolés es un músico que lleva 50 años tocando y sigue lanzando discos. Bello Barrio es un disco que encapsula muy bien el retorno de Redolés a Chile. Es un Redolés que se está encontrando con este país después del exilio", explicó Rodríguez.
"Él en ese momento empieza a buscar lugares donde tocar. Buscaba el Café del Cerro, la Casa de San Isidro, la Peña Javiera Carrera. Y ahí tocaban cantautores. Pero le gustaba el blues también. Y había sido formado en el punk. Y su poesía era muy punk. Entonces, a él le costó defender su posición", agregó.
Los 2000: Los Bunkers y Teleradio Donoso
Los 2000 encuentran su punto álgido en "La Culpa" de Los Bunkers y "Bailar y llorar" de Teleradio Donoso. Sobre Los Bunkers, Godoy señaló que "la mezcla entre el rock y la nueva canción chilena empiezan a consolidar un estilo. Esa mezcla de música sesentera, la chilena y la británica, se logran congeniar de manera exquisita en ese disco. Canción para mañana, La Exilia del Sur, Culpable".
Teleradio Donoso y Alex Anwandter representan el recambio generacional del pop chileno. "Nosotros pensamos que Bailar y Llorar fue el disco que viene a decir que esta generación está en serio. Era una de sus cumbres, tal vez es la primera cumbre de esa generación", explicó Rodríguez.
También destacaron "Juventud Americana" de Ases Falsos, liderados por Cristóbal Briceño, que "condensa muy bien la generación del 2011, esa generación de la movilización estudiantil, esa generación como que está enojada, no más heroicén. Él tiene una lectura política sobre eso, pero también tiene una lectura como de un enojo que a veces es un poco sin causa", agregó Rodríguez.
Un testimonio para los arqueólogos del futuro
El libro cierra en 2012 con discos de Camila Moreno ("Panal"), Cómo Asesinar a Felipes ("Comenzará de nuevo") y Ases Falsos, dejando abierta la posibilidad de que otras generaciones continúen el relato. Las 446 páginas del volumen incluyen no solo las fichas de los 200 discos, sino introducciones contextuales por década, todas las carátulas de los álbumes, información técnica y testimonios exclusivos de protagonistas de la escena musical chilena, configurando lo que muchos han descrito como la primera enciclopedia seria del rock nacional.