
Trump: ¿Sepulturero del neoliberalismo?
La ultraderecha estadounidense, encarnada en Donald Trump, ha llegado al gobierno con una política clara en este segundo mandato. Un liderazgo autoritario y reaccionario que se ha esforzado por materializar sus discursos de odio en política pública, partiendo por cortar programas de apoyo a personas LGBTIA+, la salida de la OMS, recortes sociales generalizados y los anuncios de aumento de aranceles en las importaciones, contraviniendo la estrategia histórica de la globalización liberal. Pareciera entonces, que la ultraderecha, en especial Trump, están prefigurando un modelo distinto al neoliberalismo.
En este contexto es que el desafío para la izquierda, con un líder de este nivel que está proponiendo un nuevo sistema político/económico desde la ultraderecha, es grande. Por un lado, debemos ser capaces de interpretar al pueblo que sí cree en el proyecto histórico de transformaciones, al mismo tiempo que conectamos con las grandes mayorías que se han visto perjudicadas por las consecuencias del modelo neoliberal.
El individualismo y la falta de organización comunitaria, la precarización del trabajo y el aumento de la especulación inmobiliaria son solo algunos ejemplos de lo que ha producido el sistema que en Chile fue instalado en dictadura. Frente a esta situación, y los hechos sociales que todos conocemos y que ha vivido nuestro país, creer hoy día que el modelo seguirá intacto es ingenuo.
Queda claro entonces que si no proponemos desde la izquierda una alternativa al neoliberalismo será la ultraderecha quien lo haga, constituyendo un modelo más extremo, que no dará garantías de acceso igualitario a derechos sociales, ni menos respeto a derechos humanos, haciéndonos creer que valores tan importantes como la libertad de las personas y el respeto a sus diferencias son irrelevantes, o que existen personas de primera y segunda categoría.
Esto no solo no podemos aceptarlo, si no que debemos frenar su avance proponiendo una salida al actual modelo, de lo contrario, los discursos racistas, la discriminación de género, e incluso la explotación laboral amparada en el crecimiento, será la realidad que capture nuestro día a día.
El Gobierno del Frente Amplio, encabezado por nuestro compañero Gabriel Boric, no solo se ha preocupado de avanzar en derechos sociales como el sistema nacional de cuidados, las 40 horas laborales, la reforma de pensiones u otras medidas, también en su día a día ha relevado la importancia de mirarnos a los ojos y tratarnos en igualdad, respeto y valoración en nuestra diversidad.
Este esfuerzo debe tener continuidad, al habilitar las condiciones para configurar una alternativa al neoliberalismo de inspiración socialista, que proyecte un modelo dónde el Estado sea capaz de planificar la economía y asegurar que Chile llegue a ser un país desarrollado.
Al mismo tiempo, como un elemento clave y habilitante en la alternativa de modelo que debemos configurar, está la organización de la gente en sus barrios, el empoderamiento de las diversas comunidades que son parte del pueblo chileno y el fomento del pensamiento crítico.
Lo anterior permitirá prefigurar un modelo colectivo de sociedad, donde cada uno sea partícipe de las decisiones que impactan en su vida, profundizando un sistema democrático que haga partícipe a vecinas y vecinos en las políticas que buscan mejorar su vida. No es posible avanzar en construir un modelo de sociedad que sea solidario, organizado y empoderado si no disputamos las ideas de la ultraderecha en cada barrio y población de los cuales somos parte.