Un puñado de vejetes encorbatados, enfundados en trajes de finas telas y, seguramente expidiendo aromas de costosas esencias. Posan para la posteridad, sus muecas traslucen el jolgorio, el regocijo que los arrebata. Son un puñado de líderes de opinión, la crema y nata de “cabezas pensantes”, de “ejecutores de decisiones”, los fiduciarios de la explotación y la más moderna esclavitud de las clases vulnerables chilenas. Dos de ellos, entre carcajadas, pretenden ser presidente de Chile
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