Qué paso con las energías utópicas que se movilizaron en el campo de la renovación socialista durante los años 80’; qué infortunio acompaña a nuestra «izquierda académica» en la actual coyuntura; ávida de indexación, fascinada por comportarse como vanguardia, estilosa y educada en Negri, Deleuze, Laclau, Derrida, Nuncy, Pateman y Bluter, pero incapaz de promover una discursividad que trasunte los circuitos cerrados de T.V cable -ajena a toda promesa de auto-realización-. De otro lado, la infranqueable facticidad estatal; Revolución Democrática y la Izquierda Ciudadana; el PC y la empleomanía burocrática de la política pública, se ubican en el plano del “cosismo aggiornado”, (atribulado entre la política focal/estatal y lo político como producción de nuevas agendas). La «izquierda cosista» migra a la periferia y mira con desconfianza, a veces con desdén, los protocolos de la «izquierda académica» y viceversa en un espiral de sospechas que se traducen en un diálogo de sordos. Ambas izquierdas se demonizan, se querellan mutuamente. Y a ello se suma –tercer espacio- una «izquierda feudal», cortesana y dispersa, aprisionada en la dirección de facultades, consultorías pomposas y centros de investigación (Expansiva, convenios, foros y conferencias, debidamente remunerados). Este impase, algo catastrófico, impide la elaboración de una vertebración esencial, de contaminaciones con las agendas estratégicas de los gobiernos post-neoliberales, de diálogos friccionados propios de un intercambio regional. La variante «cosista» persevera factualmente, y queda librada a la «praxis», pero es incapaz de avanzar hacia una recomposición hegemónica capaz de producir imaginarios alternativos y nuevas formas de acción colectiva. La «izquierda cosista» se pregunta fastidiosamente por la identidad: ¿Quiénes son nuestros enemigos? Esta es la comedia bufa que hemos debido presenciar. Todo indica que un ejercicio de restitución supone una operación político-conceptual «tibiamente similar» a la escena de la «renovación socialista» de los años 80’. Los años dorados de FLACSO (Móulian, Garretón, Lechner, Flisfisch) comprendían «espíritus vigorosos» abiertos al cambio de época sin ceder –de buenas a primeras o de cualquier manera- a un imaginario de transformación social. Hoy ante la travesía comunista –izquierda prosaica- resulta inviable una operación discursiva que permita restaurar las voces de la diferencia en un relato hegemónico, pero la prebenda, el exceso de asesores y las ‘horas a contrata’ impiden, cual «vulgata», la sola imaginación de una acción alternativa. La dominante neoliberal obra como una aplanadora y ello tiene en ascuas cualquier proyecto que pueda restituir estratégicamente la «pasión igualitaria». Hasta el 2014 era posible pensar –muy cándidamente- que el concubinato del relato transicional (concertación) experimentaría un desgarro respecto al dispositivo empresarial. Ante un eventual desgaste del maridaje establecido en los años 90’, Estado y Mercado, vino la prisa por presenciar una fase de desplazamiento y producción de relatos alternativos. Nada de eso ha ocurrido en el plano de las discusiones programáticas y estratégicas, si bien abundan los estímulos de la reforma, y el bullicio de la hechología, ello solo representa un reformismo gradualista del cual no hay mucho que esperar. A la luz de la más básica constatación seguiremos escuchando a la elite progresista; Martner, Solari y Escalona defienden la obra de Aylwin y aleccionan a los pupilos rebeldes que cada tanto deben escuchar el sermón transicional.
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