Texto: Daniel Olivares- Fotos: Francisca Pinochet Si bien en las últimas décadas la música, el cine, la televisión y las revistas de modas y tendencias, han sido los patrones obligados a seguir a la hora de elegir un look, con internet y las redes sociales los límites de la inspiración se han extendido exponencialmente. Se trata de una multiplataforma inquieta que se retroalimenta culturalmente, ofrece infinitas influencias y que, por sobre todo, desafía la estética uniforme del establishment y lo socialmente correcto. Aunque masivamente los chilenos renuevan su closet según lo que recomiendan los catálogos de las multitiendas, cada vez es más común ver a grupos de jóvenes que se visten distinto, asisten a fiestas o se reúnen en conciertos, el motivo poco importa. Se juntan, cada uno a su pinta eso sí, y no son pocos. Factores estéticos y denominadores comunes hay, pero la idea no es inscribirse en un club y seguir estándares delimitados. En las fotografías escogidas aquí del libro Santiago Snap (Francisca Pinochet, Ocho Libros, 2011), todo es una gran fiesta, de día y de noche; los jóvenes santiaguinos ya no se visten de gris; no buscan mimetizarse ni mucho menos esconderse, todo lo contrario: aquí están. ¿Qué hace Dany Filth, líder de la banda británica de Black Metal Cradle of Filth, en un paradero de Santiago esperando la micro a mi lado? La ilusión de estar junto al verdadero vocalista se disuelve apenas me pide diez pesos para la micro, en perfecto castellano chilensis. Estoy frente al resultado de la era de la imagen y su poderoso efecto, escribe la autora en la introducción del libro. Sus personajes retratados manifiestan pistas de sí mismos sin decir una palabra, cuerpos cargados de símbolos. Variedad cromática, de tejidos y formas, tatuajes o intervención corporal. Chilenos y chilenas que hacen uso de la libertad de expresión al “elegir” qué ponerse. Cada uno de estos jóvenes desafía diariamente la norma de lo común; se transforman en soportes cargados de opiniones, ideas, creencias, modos y estilos de vida. Comunicación visual pura. Celebran la diversidad y, aun cuando el afán es individual y personal, comparten una identidad extensible que los representa. Festejan, se reúnen y se potencian. Lo que vemos hoy es la expresión absoluta y explosiva de jóvenes aburridos de usar uniforme por defecto, que optan por elegir algo más acorde a su propia identidad. Quien crea que la ropa “normal” no posee una carga simbólica está en un error. Las marcas significan, los signos, los colores y los diseños también. Ese pingüino o caimán en su chaleco comunica y en cada look hay una premeditación, hasta el más hippie ha elegido minuciosamente como debe quedar desgarrada su polera. Como decía Salvador Dalí, la personalidad es absolutamente imposible de evitar.
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Santiago ya no se Viste de Gris
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