José Ángel Cruz Morales: "Lo malo de la volatilidad en las apuestas deportivas es no poder medirla"
Hoy, desde la analítica de iGaming y el modelado de cuotas, traslada esa experiencia a un terreno donde la volatilidad no solo se observa: se paga.
¿Qué significa realmente hablar de volatilidad en las apuestas deportivas?
La volatilidad en las apuestas deportivas suele confundirse con la sorpresa o el resultado inesperado, pero en realidad es algo más profundo. Se trata de la dispersión de resultados alrededor de una expectativa. Un mercado es volátil cuando el rango de escenarios posibles es amplio y difícil de acotar, incluso aunque la probabilidad media esté bien estimada.
Desde mi experiencia en análisis de datos deportivos, aprendí que la volatilidad no es el problema en sí. El problema aparece cuando no se entiende o no se cuantifica. En ese punto, el jugador deja de gestionar riesgo y empieza a reaccionar a sensaciones.
¿Por qué la volatilidad es tan difícil de medir para el jugador común?
Porque medir volatilidad exige series largas de datos, no experiencias aisladas. El jugador vive la volatilidad en forma de rachas: “gané tres seguidas”, “perdí cinco seguidas”. Pero eso no dice nada sobre el comportamiento real del mercado.

En medios como ESPN Data/Stats o FOX Sports Data, una de mis primeras lecciones era no sacar conclusiones de muestras pequeñas. En las apuestas ocurre exactamente lo contrario: la mayoría de decisiones se toman con información mínima y memoria selectiva. Así es imposible medir volatilidad de forma honesta.
¿Cómo entra en juego el modelo de cuotas frente a esa volatilidad?
El modelo de cuotas no intenta eliminar la volatilidad, intenta convivir con ella. Ajusta probabilidades, gestiona márgenes y absorbe la variación a largo plazo. Mientras el jugador sufre la oscilación en tiempo real, el sistema trabaja con expectativas agregadas.
Aquí es donde aparece la asimetría. El operador puede medir, simular y proyectar. El jugador, salvo casos muy excepcionales, no. Por eso digo que “lo malo de la volatilidad en las apuestas deportivas es no poder medirla”: cuando no puedes cuantificarla, cualquier racha parece injusta o anómala.
¿La experiencia en periodismo de datos cambia la forma de percibir el riesgo?
Totalmente. Lo que te puedo decir es que, en El Universal, dentro de equipos de Datos e Investigación, aquel Jose Angel Cruz aprendió a desconfiar del impacto emocional del dato suelto. Un número aislado no explica nada sin contexto. En apuestas, ese aprendizaje es clave.
El riesgo no está en perder una apuesta, sino en no entender la distribución completa de resultados posibles. Cuando trabajas con datos a diario, sabes que la variación es parte natural del sistema. El problema es que el jugador suele interpretarla como un fallo personal o como una anomalía del mercado.
¿Qué papel juega la volatilidad en mercados populares como la Liga MX?

La Liga MX es un ejemplo perfecto de entorno volátil. Formato corto, liguilla, cambios constantes y un fuerte componente emocional. Desde el punto de vista del modelado, es una liga que obliga a extremar las precauciones. Pero desde el lado del apostador, esa volatilidad suele traducirse en sobreconfianza o frustración. Mi experiencia siempre me ha indicado que los equipos con gran arrastre mediático generan sesgos que amplifican la percepción de caos, cuando en realidad lo que hay es una varianza elevada mal entendida.
¿El juego en vivo aumenta la volatilidad o solo la hace más visible?
No necesariamente la aumenta, pero la expone de forma brutal. En el live betting, cada evento altera las expectativas en segundos. Goles, expulsiones o cambios tácticos generan oscilaciones constantes. Para el sistema, eso es manejable, porque los modelos bayesianos actualizan probabilidades. Para el jugador, es una montaña rusa emocional. La volatilidad siempre estuvo ahí; el directo solo la pone delante de tus ojos sin filtros.
¿Se puede apostar de forma racional en un entorno tan volátil?
Se puede, pero exige aceptar límites. No se trata de eliminar la volatilidad, sino de asumirla como coste. Igual que el margen de la casa, la volatilidad es parte del precio que pagas por jugar.
Desde mi trayectoria en medios y en iGaming, la conclusión es clara, ya que quien no puede medir la volatilidad termina interpretándola mal. Y cuando eso ocurre, las decisiones dejan de ser analíticas y pasan a ser reacciones. En un sistema diseñado para el largo plazo, reaccionar casi siempre es perder ventaja.