Campamentos de Chile: ¡La unión hace la fuerza!

Campamentos de Chile: ¡La unión hace la fuerza!

Por: Jessica Ortega Huerta | 07.04.2017
Sabemos que nadie va a venir a hacerse cargo del problema de la vivienda por nosotros. Habremos de ser las mujeres y hombres que reivindicamos el derecho a la vivienda, quienes promovamos la organización de nuestra gente, única garantía de alcanzar el derecho a un barrio justo, un barrio digno para nuestros niños y la familia.

A veces lo invisible ocupa la primera plana, es tema para el debate y la opinión de políticos de todo tipo, desde los viejos más conservadores hasta los jóvenes chascones rebeldes y ciudadanos. Eso, hasta que otra noticia impacta y lo invisible vuelve a desaparecer. Tenemos plena conciencia de ello.

Durante el verano que acaba de irse, el Campamento Felipe Camiroaga fue una noticia que se escribió entre la fiesta y la tragedia. Por un lado, detrás de las luces del Festival de Viña del Mar los pobladores irrumpimos con la fuerza de la movilización organizada para visibilizar nuestras demandas y algunas semanas después, volvíamos a aparecer en primera plana en medio de un incendio forestal que arrasó con una decena de viviendas y por poco, con todo nuestro barrio. En ambos casos, quedaba en evidencia el drama social que vivimos en los campamentos no reconocidos, en los cuales, en ausencia total de servicios básicos, buscamos conquistar el derecho a la casa propia, adecuada y ganarnos el respeto de la ciudad.

Nuestro campamento surgió durante el año 2011 como una consecuencia de las nefastas políticas habitacionales del Estado. Somos más de 800 familias trabajadoras. No somos gente en situación de calle o incapaz de ahorrar, somos trabajadores de esfuerzo que durante años, incluso décadas, estuvimos en la fila para optar a los subsidios de vivienda, hasta que los hijos crecieron y la casa nunca llegó.

Desde el año 2015 que llegamos a acuerdos con la municipalidad de Viña del Mar para acceder a luz eléctrica. Ahorramos, hicimos actividades e invertimos más de 10 millones de pesos para acceder a este derecho humano, sin embargo, a última hora, el municipio se dio vuelta la chaqueta y desconoció tales compromisos.

El desprecio de Reginato no nos afecta, aquí cada uno juega un rol y defiende sus intereses. Lo que nos duele es que nuestros compatriotas, la gente sencilla nublada por la ignorancia, opine a los cuatro vientos que somos gente floja, que queremos todo gratis y que no nos esforzamos como el común de los chilenos que ahorra para su casa propia. También tenemos plena conciencia de esa mirada que tienen los chilenos sobre los campamentos o sobre sus propios dramas, como la salud, educación, la explotación o el endeudamiento.

Y por esa conciencia que tenemos, entendemos que entre momentos de visibilidad y momentos en los que pareciéramos ser invisibles para la ciudad, nuestro trabajo como organizadores y como líderes de este movimiento debe ser permanente y sin tregua. Porque nunca seremos tomados en serio hasta que nos volvamos un actor capaz, no solo de visibilizar nuestras demandas, sino de golpear la mesa y ejercer nuestro derecho a vivir en entornos seguros y felices.

Esta tarea que hemos asumido no es por un mero afán de figuración, ¡somos la expresión de un conflicto social que está pronto a estallar! El problema de la vivienda en Chile se expande irremediablemente y no solo por la ineficiencia del Estado que no se hace cargo como corresponde, sino que el negocio de los banqueros y la especulación inmobiliaria avanza a machetazos a costa de los derechos básicos de todo un pueblo, que para acceder a un techo propio se desangra en deudas usureras o donde el arriendo hace pedazos el presupuesto familiar, o donde quienes hemos sido obligados a levantar nuestras viviendas en terrenos tomados, carecemos de acceso a agua potable, a luz eléctrica, a que nuestros niños puedan crecer en condiciones dignas. Los chilenos somos buenos para aguantar y soportar, pero la paciencia tiene un límite.

Sabemos que nadie va a venir a hacerse cargo del problema de la vivienda por nosotros. Habremos de ser las mujeres y hombres que reivindicamos el derecho a la vivienda, quienes promovamos la organización de nuestra gente, única garantía de alcanzar el derecho a un barrio justo, un barrio digno para nuestros niños y la familia.

Si la Región de Valparaíso alberga la mayor cantidad de los campamentos en Chile, iremos hacia el primer encuentro regional de campamentos. ¡La unidad hace la fuerza!